En medio de las alertas por las tajadas parlamentarias que obtendrán el ultraconservador FREPAP y la ultraizquierda del antaurismo antisistémico, las evaluaciones sobre cómo serán las relaciones Legislativo-Ejecutivo, post 26 de enero, no se han hecho esperar.

Suele presentarse el cierre del Congreso anterior como producto exclusivo de su postura ‘hostil’ y ‘obstruccionista’. En contraste se obvia cómo el Ejecutivo instrumentalizó también los conflictos para instalar un pararrayos donde no solo la opinión pública descargara sus incomodidades, sino que además distrajera sus limitaciones o su ineptitud para con las acciones de gobierno, de gestión.

De hecho los altos índices de desaprobación congresal que mostraban las encuestas -post caída de PPK-, fueron acompañados por una significativa desaprobación ciudadana a la gestión ministerial y presidencial muy bien minimizada por la prensa oficialista. Tenían poco o casi nada que mostrar -hasta hoy-, salvo los ‘avances’ de una ‘lucha anticorrupción caiga quien caiga’ [pero obviamente selectiva].

Nada ayudó pues tanto a que el ‘vizcarrismo angelical’ lograse distraer la atención sobre su ineficacia que estimular una confrontación altamente destructiva con los impresentables ‘demonios obstruccionistas’.

Esa guerrita política -y a veces infantil entre unos y otros-, fue audaz bajo dirección de los asesores confrontacionales de la ‘comunicación política’. El resultado del juego de poder desembocó en el derrumbamiento del contrapeso de poderes el 30 de setiembre. Bingo.

El gobiernismo pues prosperó con el conflicto. Ahí están las encuestas. Mientras la precaria institucionalidad peruana pagó finalmente caro el choque entre estos enemigos.

¿Qué viene ahora? Ningún Nostradamus del análisis político puede predecirlo. Pero cierta intuición puede llevar a calcular que las tensiones retomen calor imprudente. Ya el premier anunció que harían uso de la cuestión de confianza sin remilgos con el nuevo Parlamento en defensa de los decretos de urgencia palaciegos.

Si la popularidad presidencial se ve amenazada seriamente puede crearse el incentivo a renovar el choque político, reafirmando el entrampamiento político y económico. La atomización de bloques y la dinámica de polarización de los ‘antis’ -sobre todo del fujimorismo con sus contradictores- puede ser relanzado para interés de sus protagonistas y como gran elemento distractor. ¿Hasta qué punto la ciudadanía seguirá soportando esta cantaleta de tensiones? Está por verse.

De apostar por esta vía, el vizcarrismo tendrá que hacerse de una bancada afín que haga control de daños ante una fiscalización inevitable. Algunos comentaristas políticos han señalado a las izquierdas y al ‘centrista’ Partido Morado como sus abanderados. De cajón.

Sin duda el gobiernismo picará además de otras canteras -como las acuñistas y somistas-. Y es que las organizaciones que llegan al Congreso lo hacen con no menores divisiones internas y proclives a la fragmentación de posiciones. Así, la operatividad y coordinación de una considerable bancada pro-Vizcarra tras bastidores, puede reacomodar las líneas divisorias -sin importar lo dictaminado por el voto popular- y mantener la pauta de poder progobiernista gracias a la dosificación de conflictos o tensiones estimuladas. Otra vez.