Cómo acabar con las burbujas de la economía global

Una sentencia de Hernando de Soto, citada muchas veces en esta columna, explica que el problema de la economía del siglo XXI son los papeles sin bienes en los países desarrollados y los bienes sin papeles en el resto del mundo.

Las consecuencias son, de un lado, el colapso recurrente de burbujas globales y, de otro, economías emergentes atrapadas en el pantano del ingreso medio.

La formidable sentencia de De Soto trae implícita la solución del problema: ambas carencias se resuelven al mismo tiempo si se consigue dotar de papeles a los bienes de países emergentes y colocar luego esos papeles en los mercados financieros globales. Dos pájaros de un tiro. Son las dos caras de la misma moneda.

De hecho, De Soto trabaja ya con tecnología digital llamada blockchain (cadena de bloques) en extender a los poseedores de tierra de todo el planeta títulos virtuales transables en los mercados de capitales. Se trata de un mercado virtual de alcance global donde no hace falta un título de propiedad porque la confianza la pone el libre contrato entre las partes ante esta especie de notario de intimidades que es el registro virtual donde, por lo tanto, no hace falta la intervención del Estado. De ningún Estado: es el siglo XXI.

¿Usted piensa que esto es una utopía imposible? Piénselo dos veces.

Cuando Xi Jinping anuncia la creación de la Ruta de la Seda, el gran cinturón chino de infraestructuras alrededor del globo para el siglo XXI, pone en valor lugares que, hasta que China se interesó en ellos, no tenían relevancia global alguna y, por lo tanto, ningún valor en el mapa de los recursos económicos mundiales.

Es el caso del puerto de Chancay, emblemático desde hoy para el Perú. China ha anunciado en colaboración con sus socios peruanos de la empresa minera Volcan una inversión de tres mil millones de dólares en la construcción de un megapuerto en Chancay, el de mayor calado -17 metros- de la costa de Sudamérica, que podrá recibir buques Triple E –de medio Dos pájaros de un tiro llegar desde este lado al Brasil.

Súbitamente, por el milagro del capital –como diría De Soto-, nuestro viejo, humilde y soñoliento puerto de Chancay, con su muelle, su playa y su castillo, que no tenía ni aspiraba a tener esa clase de valor económico antes de que China lo inscribiera en la Ruta de la Seda, por el solo acto de ser hoy un eslabón de la cadena de la infraestructura global del siglo XXI, adquiere de pronto exponencialmente un protagonismo económico mundial.

Chancay será un megapuerto que bien podría pensar mañana en emitir papeles –bonos o acciones- transables en la bolsa de Nueva York en los que pueden interesarse grandes fondos de pensiones mundiales que necesitan invertir en proyectos seguros y de mediano plazo. ¿Imposible? Hace pocos días el FMI dijo oficialmente que apoyaría la construcción de la Ruta de la Seda y, en ese mismo momento, un gran fondo de pensiones europeo anunció su interés en invertir en la nueva infraestructura global que la sola decisión política de China ha puesto en valor.

Otras actividades en cientos de lugares del tercer mundo seguirán pronto por este mismo camino y los bienes emergentes colocarán poco a poco cada vez más papeles en los mercados de capitales desarrollados. Reunidas ambas mitades, la economía global por fin quedará saneada.

Para nosotros, millones de hectáreas de punas altoandinas trabajadas con siembra de agua y de bosques tendrán entonces un nuevo valor real y virtual. Nuestros propios fondos previsionales, que necesitan crecer invirtiendo en activos seguros de mediano plazo, pueden ser la vanguardia que abra el camino.

Es enorme el peso de la decisión política en la creación del valor económico. Es lo que hacen los grandes estadistas. Lo hemos sabido siempre.





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