Por qué es la bicameralidad la reforma política fundamental

En el Perú somo unos 23.4 millones de electores. Si quisiéramos que sus 130 representantes -el número actual de congresistas- fueran elegidos en 130 distritos uninominales, cada uno de estos abarcaría unos 180 mil electores en promedio. ¿Es esa la dimensión adecuada para una relación cercana entre los representados y su representante?

Alternativamente, si quisiéramos que el tamaño promedio del distrito electoral uninominal no excediera de 50 mil electores -algo del tamaño de Barranco, aproximadamente- harían falta 468 congresistas para representarlos. ¿Alguien en el Péru está dispuesto a bancar ese número de parlamentarios?

Ya sea que se elija uno de los dos extramos o cualquier combinación entre ambos, el dilema es de fierro: no vamos a acercar mucho al representante a sus representados. Esa es la realidad.

La reforma electoral no va a resolver realmente el problema de la representatividad, entonces. Y lo peor es que ese no es siquiera el problema más grave.

La verdadera reforma política en el Perú es la del sistema de gobierno, donde está la falla realmente grave. El verdadero problema no es el de la representatividad, sino el de la trampa de la baja gobernabilidad, cuya solución no depende de la reforma del sistema electoral, sino de la del sistema de gobierno.

Reformar el sistema de gobierno requiere de la bicameralidad. Se trata de ponerle freno a los excesos del Congreso y restablecer el equilibrio entre el poder Legislativo y el Ejecutivo, completamente desbalanceado en contra del Ejecutivo. La bicameralidad reducirá drásticamente la sobreproducción legislativa actual que cada día pone en peligro la seguridad jurídica.

Centrar el debate en la reforma electoral, en cambio, invisibiliza el verdadero problema. Lo esconde detrás de una discusión sobre entelequias y no resuelve ni siquiera el problema de la representatividad.

La representatividad es importante porque de ella emana la legitimidad de “origen” de un gobierno, en las urnas. Pero el éxito de la gestión de ese gobierno -que es lo que primero le interesa al pueblo-, la legitimidad de “salida” -como diría Dieter Nohlen-, depende de su eficacia en la gestión, y eso depende de la gobernabilidad.

Por eso la bicameralidad no es un capricho ni una frivolidad. Por el contrario, apunta al centro mismo de la falla en el sistema de gobierno y nos permitirá escapar de la trampa de la democracia de baja gobernabilidad.





ico-blogueros-2018

Más Blogueros





Top
El negocio suculento va sobre rieles   

El negocio suculento va sobre rieles