Soros y el Foro

Ante el enemigo que toca las puertas no basta una estrategia defensiva de la Constitución y la República. Hace falta pasar a una estrategia ofensiva.

Lo primero es identificar correctamente al enemigo. Las guerras se pierden por luchar contra el enemigo equivocado.

La estrategia ofensiva debe asumir la realidad. Todo indica que tres gobiernos regionales del Sur se han convertido en aliados políticos de Evo Morales –poco importa si a sabiendas o no- y de un plan para hacerse del control de los recursos naturales del Sur -el cobre, el litio y el agua- que necesita la fabricación masiva de autos eléctricos para el mercado global del siglo XXI. Evo Morales, a su vez, es un aliado confeso del Foro de Sao Paulo, de Caracas y de La Habana.

En la otra orilla se encuentran Brasilia, Santiago, Bogotá y Quito. El Perú es el centro del tablero. A 200 años de la Independencia, la batalla final volverá a tener lugar en el Sur del Perú.

El presidente del Congreso, Pedro Olaechea, ha tenido hace muy poco la lucidez de denunciar en entrevista televisiva la existencia de un “juego político internacional” financiado desde el exterior. Incluso ha mencionado con nombre propio a George Soros. Nunca antes la cabeza de un poder del Estado en el Perú se había pronunciado sobre el enemigo que toca la puerta.

No son idénticos los objetivos del Foro de Sao Paulo y del oscuro financista que hizo su fortuna atacando a la libra esterlina para quebrar al Banco de Inglaterra. Pero son concurrentes. Se enfrentarán entre sí en el largo plazo, pero por el momento son compañeros de ruta.

Hay que conocer a Soros. El Banco de Inglaterra -fundado en el siglo XVII, cimiento de la economía del Imperio Británico en el XIX y banco central del Reino Unido hasta hoy- no es un banco central más, es el símbolo del Estado nacional por excelencia. Esto es lo que el estratega financiero ataca deliberadamente mediante la especulación de precios de los recursos naturales, como los nuestros. Sin duda tiene un interés económico en el precio del cobre y del litio, pero más allá su apuesta fundamental es de naturaleza política: cree que el Estado nacional como tal es una institución histórica acabada y que son los grupos étnicos –como el aymara- las células básicas de la sociedad humana del futuro. El hecho, sin embargo, es que existen unos 200 Estados nacionales en el mundo, y cinco mil grupos étnicos que anhelan serlo.

El Foro de Sao Paulo y sus aliados, en cambio, no buscan la desaparición del Estado nacional. Todo lo contrario, buscan consolidar su presencia monopólica en la economía y apoderarse del Estado. Su proyecto político consiste en que el Estado explote directamente los recursos naturales. La Habana sabe que va a perder muy pronto el control del petróleo de Venezuela, y ha decidido dar su última batalla política por el control de los recursos naturales del Sur. Para eso necesita capturar el poder en el Perú. Empleará luego la renta de esos recursos para mantenerse en el poder. Para esto es la narrativa eufemística sobre un supuesto “post extractivismo”.

Los proyectos del Foro y de Soros están en conflicto en el largo plazo, pero no en lo inmediato. Soros cree usar al Foro para destruir el Estado nacional y el Foro lo usa a él para relanzar la enésima aventura estatista. Son como Trotsky y Stalin, como Guevara y Fidel. Uno impersona al héroe revolucionario, el otro es el político reaccionario que luego “traiciona a la revolución” y se deshace del “héroe”. Pero no interesa aquí y ahora, por último, cuál de los dos socios políticos prevalecerá sobre el otro. Lo que hace falta es dejar sin oxígeno la conspiración contra el Perú, y la forma de hacerlo es conseguir que la opinión pública peruana tome plena conciencia de la identidad exacta del enemigo en las puertas, y del peligro en que se encuentra.





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