¿Uranio, quién dijo uranio?

La explotacion del litio en el Perú para los autos eléctricos del siglo XXI será diferente de la de los vecinos que ya exportan al mercado global: Chile, Argentina y Bolivia en ese orden.

Los tres producen litio, pero en su caso se halla mezclado en la sal de lagos cuya agua se ha evaporado, como en los salares bolivianos, o el proceso involucra el uso de salmuera donde el agua es muy escasa. Esto está frenando la producción en Chile. En el Perú, en cambio, el litio aparece de manera natural junto con uranio.

El asunto es que opiniones calificadas aseguran que la producción de litio en el Perú podría tener costos menores que en Bolivia, Argentina y Chile, aun incluyendo la inversión que el uranio requiere para evitar toda contaminación, porque el litio en nuestro caso sería el subproducto de la producción de uranio. Esto abarataría radicalmente el costo de producción del litio, incluso por debajo del de la competencia.

El litio es el tercer elemento más ligero de la tabla periódica luego del hidrógeno y el helio. El uranio el más pesado, junto con el plomo y el oro. Siendo muy ligero, el litio es un insumo de la producción de baterías para los autors eléctricos del siglo XXI. Es un mineral comercialmente estratégico. Y el uranio es un también un mineral estratégico no solo comercial sino políticamente. Ambos recursos podrían explicar el reciente interés geopolítico global del Sur del Perú.

Todo esto da qué pensar sobre el por qué del misterio en torno a la concesión de la empresa Yellow Cake en Macusani, Puno. El gobierno le ha retirado hace poco a la empresa la concesión de un porcentaje decisivo del área del proyecto con el pretexto de que la empresa no está al día en el pago de los derechos respectivos. El argumento es deleznable. Peor aún, la habría dado inicialmente a la empresa un plazo para subsanar el pago de los derechos y luego se lo habría retirado ínformándole que ha perdido la concesión.

Es forzoso suponer, por el contrario, que si fuera cierto que el Perú puede producir litio a menor costo que la competencia, esto podría eventualmente bajar también el precio del recurso en el mercado global. Y, si la competencia tuviera costos más altos, ¿cómo podría este escenario convenirle?

Es necesario preguntar, entonces, ¿qué está haciendo el gobierno al retirarle gran parte de la concesión a la empresa que hoy la tiene? ¿Se propone licitar la concesión nuevamente? ¿Es que tiene postores en mente?

No termina ahí el misterio. Cuando la empresa junior titular de la concesión anunció meses atrás el hallazgo masivo de litio en Macusani, resultó sorprendente que de pronto los propios mineros peruanos se apresuraran a desmentir descartando tal cosa y afirmando enfáticamente que se trataba de una exageración interesada de la empresa que apuntaba a vender a mejor precio su concesión en el mercado global.

De otra parte, según informacion de buena fuente, no se habría alcanzado aun en Macusani un acuerdo de la empresa con los ocupantes de la superficie donde se halla el recurso natural. Y el hecho es que el anuncio de la confirmación de la existencia de reservas enormes de ambos recursos elevaría exponencialmente el valor de esas tierras cuya concesión el gobierno quiere retirarle a la empresa con pretextos.

Callar perjudica a unos y beneficia a otros. No puede descartarse entonces que detrás de estos extraños acontecimientos haya más de una mano estorbando la competencia libre en el mercado.





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