Antauro, el “demócrata anticorruptor”

  • Fecha Sábado 19 de Octubre del 2019
  • Fecha 8:05 pm

Bastó que el extremista Antauro Humala declarara desde su celda que el 30 de setiembre hubo un “golpe de Estado de Odebrecht bajo la careta periodística de ‘lucha contra la corrupción'”, para que algunos opuestos al vizcarrismo empezaran a aplaudirlo. Un grave error.

Estos repentinos aplausos no solo son descabellados sino hasta peligrosos. Así, se alienta en ciertos niveles de la población el empoderamiento de un innegable operador antidemocrático y antiinstitucional, como lo es el caudillo etnonacionalista.

Apartando las bufonadas tradicionales no subyace a los discursos del antaurismo una verdadera prédica democrática ni de “lucha anticorrupción”. Solo la ingenuidad o el temerario cálculo político pueden considerarlo de esa forma.

El antaurismo o radicalismo reservista (en realidad más extremista que radical), constituye un peligroso planteamiento que incuba el odio y los conflictos extremos y proviolentos. No se conforma con el factor “clasista” de lucha de clases marxista, si no que cruza destornillado vía el factor “etnocultural” hacia la lucha de razas. Letal.

Sazonando e incitando las instintos sociales básicos para la polarización política aparece incluso la homofobia y hasta la xenofobia —con sospechosos vínculos con el chavismo ansioso en descalificar a la diáspora venezolana en Perú— como arma política y electoral. Pronto veremos sus nocivos efectos dentro de la famosa “conflictividad social”.

¿Son conscientes de este riesgo aquellos que aplauden los pronunciamientos supuestamente “democráticos” y “anticorruptores” de Antauro Humala? ¿O son funcionales políticos de un activismo etnonacionalista cada vez más ansioso por ahondar raíces en la base social?

No solo, pues, existe amenazas antiliberales en los ámbitos civiles, políticos y económicos que emergen desde las extremas derechas —como suele advertirse casi exclusivamente en gran parte de la prensa latinoamericana y peruana—; también lo constituyen las filosofías de poder tóxicas de las izquierdas extremas.

En esencia eso es el etnocacerismo peruano con su mezcla anacrónica de nacionalismo étnico y de una impuesta colectivización absoluta de las decisiones y los resultados en todos los ámbitos. El resultado: el totalitarismo puro y la violencia dosificada y “popular”. Aquella organización que montó escenario político en la asonada de 2005 en Andahuaylas, teniendo como símbolo el remedo del águila fascista sobre una chakana andina distorsionada. Asonada contrademocrática que tensionó el sistema político pretendiendo dinamitarlo para encumbrar a la “raza cobriza” y “tahuantinsuyana”. Un socialismo “etnopatriotico” y racista germinando sobre la base de un deformado y falso “indigenismo”.

Que la arremetida golpista del vizcarrismo y de su coalición ocurrida el 30 de setiembre signifiquen un acto inconstitucional como muchos han señalado con sensatez, no debe catapultar a quienes —más que la solución a los problemas y las tensiones nacionales— encarnan una amenaza mucho mayor para las libertades en todas sus dimensiones: civiles, políticas y económicas.

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