Dionisio y los chavistas Humala-Heredia

Dionisio Romero Paoletti, presidente del directorio de Credicorp, reveló el aporte de US$3,6 millones –de su empresa y su familia– a la campaña de Keiko Fujimori del 2011. También lo hizo el 2016, así como a la de PPK el mismo año –Martín Vizcarra, por cierto, era su jefe de campaña–.

“Estábamos muy preocupados sobre qué podía pasar con el futuro de nuestro país si es que iba por el camino de Venezuela y no queríamos que eso ocurra… Que el chavismo no tomara el control del país era suficiente para nosotros”, señala Romero como el motivo de fondo para los aportes económicos. Añade que: “Hacia finales del 2010 e inicios del 2011 el país estaba viviendo un momento muy difícil, un momento de zozobra ante la posibilidad de que un candidato financiado por el chavismo tomara el poder en el Perú. Habíamos visto como el presidente [Hugo] Chávez de Venezuela habíahecho explícito su interés de exportar su política de socialismo del siglo XXI e inclusive invertía y gastaba millones de dólares en las campañas de los candidatos que eran afines a su pensamiento. Entonces veíamos que era una situación súper crítica y que en el Perú eso se traducía en el candidato Ollanta Humala y la Gran Transformación. Habíamos visto como Humala aparecía en la televisión, en las reuniones que televisaba Chávez como su punta de lanza para las elecciones del Perú. Inclusive había versiones periodísticas de que se había encontrado millones de dólares en la valija diplomática venezolana que aparentemente iban para financiar esa campaña. Entonces era una situación súper delicada, peligrosa y excepcional en la política peruana. Ante ese riesgo nosotros decidimos hacer algo al respecto…” [19/11/2019. El Comercio].

La evaluación que hace Romero no es inexacta. Humala era una amenaza directa y real para el país. Al menos hasta después de la primera vueltaen 2011. Y no solo para las inversiones que generan millones de empleos y de impuestos, sino también para el precario sistema político democrático y liberal peruano. Lo de la expansión del chavismo en la región no era pues un ‘cuento’ como lo comprueba, hasta hoy, mucho de lo que ocurre en Latinoamérica.

Ya para la segunda ronda electoral del 2011 aparecerían ‘los garantes’ que realinearon a Humala con no poca suerte.

Si recordamos un poco más, en realidad las alertas y preocupaciones que muchísimos peruanos de todos los sectores adoptaban –como Romero– sobre el ‘candidato chavista Humala’, venían de tiempo atrás: del 2006.

En efecto, en 2006 los Humala-Heredia suponían un serio riesgo para el país. Eran los operadores del chavismo, con una alta posibilidad no solo de obtener una gran cuota parlamentaria sino de hacerse de la presidencia. Los dos avanzaban con polos rojos y retóricas antisistémicas inflamadas, difundiendo la ‘gran transformación’ política, económica y social. Viajaron a Venezuela y recibieron la bendición de Chávez. ¿Qué hubiese ocurrido si esta sucursal bolivariana en suelo peruano ganaba las elecciones? Quizá hoy el éxodo venezolano sucedería a la par del éxodo peruano, huyendo los que pueden de su tierra. ¿Habrían dejado el poder fácilmente? Impredecible, sobre todo conociendo las tácticas fraudulentas a las que recurren los prochavistas para no soltar el poder.

Aquel 2006, García ganó impidiendo que la dupla prospere. Hasta Mario Vargas Llosa celebró el triunfo. Le pidió al aprista llevar un gobierno alejado de los ‘demagógicos’ que se apuntalaron en América Latina y que ‘hacen tanto daño al continente’. El escritor peruano resaltó en junio de ese año que ‘hubiera sido mucho peor’ la victoria del exmilitar Ollanta Humala, y lo definió como ‘el candidato de Hugo Chávez’.

Correspondía pues cerrar el paso a que el Perú se vistiese también de ‘rojo revolucionario’.

En 2011 el riesgo también se mantenía. La primera tanda de la campaña ubicaba a los Humala-Heredia con la misma prédica. Ecualizados además con las narrativas y la agenda geopolítica de la izquierda extremista del socialismo del siglo XXI. Mientras tanto su brazo propagandístico etnocacerista y antaurista, con megáfono y sin soroche, avivaba peligrosamente –como hoy– las ‘contradicciones’ de clase y de raza por costas, sierras y selvas. Ahí donde los partidos del ‘consenso democrático’ no llegaban con sostenida efectividad. Sin embargo, esta vez ya no era un García Pérez y una Flores Nano compitiendo, era el odiado fujimorismo la ‘alternativa’. Así, la duda por cuál era el ‘mal menor’ surgió en algunos.

Llegada la segunda vuelta del 2011 los Humala-Heredia fueron ‘garantizados’ con audacia. Les quitaron el ‘polo rojo’ y les pusieren el ‘polo blanco’ para potabilizarlos políticamente e impedir ‘el retorno del fujimorismo’. Solo así, con esa camisa de fuerza –y la idea de que ‘el fujimorismo era peor como opción’– fue que alcanzaron la presidencia.

Ese juego desembocó, por parte de la futura ‘pareja presidencial’, en una claudicación a su agenda programática para ganar específicamente la competencia política. El poder.

Instalados ya en la Casa de Pizarro la ambigüedad política y económica dominó su operatividad [fue una suerte de quinquenio perdido], sobre todo en las relaciones internacionales y geopolíticas. Así,mientras dentro del país se intentaba sin convicción real accionar según la ‘hoja de ruta’ impuesta por sus avaladores, el discurso hacía afuera tendía a no chocar con la estructura chavista de poder regional. En abril de 2013 fue Humala, como presidente pro-témpore de UNASUR, el que apapachó y terminó avalando en Lima el ‘triunfo’ electoral fraudulento de Maduro, el heredero de Chávez. No importó los reclamos de millones de venezolanos y latinoamericanos. Hoy Maduro es inamovible por este espaldarazo. Los Humala-Heredia fueron pues funcionales al expansionismo del Foro de Sao Paulo y del castrochavismo. Sus ‘garantes’ enmudecieron ante estas evidencias ‘no calculadas’ en la famosa ‘hoja de ruta’.

El Perú ha logrado evadir hasta hoy caer dentro del influjo del chavismo vía el empoderamiento y el control de sus franquiciados. Y ello ha sucedido no porque dicha amenaza no exista, sino por el esfuerzo de alerta y cautela de muchísima gente en todos los niveles y sectores que con sensatez advertían los riesgos y los conflictos que podrían empoderarse para socavar el sistema. No obstante, continúa siendo un riesgolatente pese a los años y a los subestimadores que insisten en señalar a estos proyectos dictatoriales y transnacionales como ‘cucos’ del momento.

Muchísimos peruanos veían esa letalidad y apostaron con lo que podían, incluyendo votos y recursos, a neutralizarla con total legitimidad. Felizmente, hasta hoy el Perú se ha mantenido a distancia de una de las amenazas más nocivas contra las libertades en Latinoamérica. El lamentable éxodo venezolano es prueba innegable de ello.





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