El Hezbollah y el chavismo 

El chavismo no es solo un simple o tradicional régimen despótico de signo político. Es un proyecto conectado con oscuras redes criminales de dimensión transnacional. Un proyecto de poder de largo alcance que no solo se fortaleció sobre la base de un ‘proceso revolucionario’ e ideológico, sino que además, en ese andar, llegó a establecer colaboraciones tácticas y reales alianzas estratégicas tanto con el narcotráfico como con el terrorismo internacional. He ahí la letalidad de este poder.

Cierto es que la fuerza hasta hoy inamovible del chavismo se ha convertido en una amenaza para la seguridad regional. El problema venezolano ya no es solo venezolano. De hecho dejó de serlo desde la época de Chávez, a quien hoy se olvida señalar como el ejecutor inicial de la actual catástrofe. En ese sentido el ‘madurismo’ no existe. Maduro fue en estricto su continuador, su legado, su ‘consecuencia lógica’ en vía al extremismo violento e ideológico.

La dictadura chavista cuenta con apoyos colosales y siniestros. Constituye un ejemplo del nexo crimen-terror consolidado sobre la base del poder político. Considerado también por agencias de seguridad occidentales como el ‘Cartel de los Soles’ se señala como uno de sus miembros al hasta hace ocho meses vicepresidente de Venezuela: Tareck el Aissami. Este influyente operador fue declarado como narcotraficante por el Departamento del Tesoro estadounidense en febrero de 2017. Al haberse revelado también sus vínculos con el terrorismo islamista fue tácticamente desbancado del cargo y ubicado como actual ministro de Industria. De no haber dejado la vicepresidencia sería hoy bolo fijo para reemplazar a Maduro en el poder si así lo decidiesen sus patrocinadores externos –que incluye al castrismo–.

La referida mezcla operativa de narcotráfico y terrorismo que encarna El Aissami [de 44 años, descendiente de inmigrantes sirios y libaneses] es visto como un elemento peligroso y altamente funcional a evidentes poderes antioccidentales.

Durante años diversas investigaciones oficiales, organismos y analistas de seguridad han dado cuenta de cómo el régimen chavista –y especialmente Tareck El Aissami– dio mayor tracción a las estrategias de penetración de Irán en América Latina desplegadas desde los ochentas. Sobre todo luego de iniciadas las relaciones de ‘cooperación’ entre Hugo Chávez y el expresidente iraní Mahmoud Ahmadinejad el año 2006. Ya “en 2007, los dos países establecieron un fondo de US$2.000 millones para apoyar sus proyectos conjuntos, incluido uno para ayudar a países ‘antiimperialistas’ en América Latina” [BBC]. Mientras Chávez en vida consideraba a Ahmadinejad ‘un gladiador de las luchas antiimperialistas’, a su muerte, Ahmadinejad despidió a Chávez como un ‘mesías’, un “mártir que algún día regresará a este mundo acompañado de Cristo y de Mahdi, el redentor chiíta” [El País].

Tareck El Aissami, por si fuera poco, aparece además como un elemento clave de la prosperidad oculta que ha logrado uno de los antiguos operadores de Irán en la región y también aliado del chavismo: el grupo político-terrorista libanés Hezbollah.

Sea su ‘brazo político’ o su ‘brazo armado’, o ambos, la ‘milicia’ chií es considerada oficialmente como terrorista, entre otros, por la Unión Europea, EE.UU., Canadá, Australia, Francia, Israel, Egipto. Con falta de cautela en Latinoamérica, donde el tema Hezbollah parece ser ‘espinoso’, no sucede lo mismo [a excepción de Argentina]. Las investigaciones ubican a este grupo extremista como articulador de redes de delincuencia transnacionales, de financiamiento del terrorismo y de redes subterráneas de apoyo político. Los fondos –enviados luego a las zonas de influencia y conflicto en los que están involucrados– obtenidos vía actividades ilícitas en el continente americano se calculan hasta en mil millones de dólares anuales [Proyecto Casandra. DEA]. El Departamento de Justicia de los EE.UU. clasificó al grupo como una ‘organización criminal transnacional’. Su asociación con cárteles de la droga latinoamericanos, el lavado de dinero, el contrabando… en suma, el crimen organizado amarrado a objetivos políticos puntuales y de largo alcance suelen aparecer describiendo su naturaleza operativa actual.

El venezolano Tareck El Aissami es considerado uno de los principales abastecedores de droga al libanés Hezbollah. Vía relaciones de cooperación táctica y estratégica –donde las FARC colombianas fueron pieza clave– el chavismo, Irán y Hezbollah convirtieron a Venezuela en un ‘centro logístico’ en pro de intereses transaccionales así como de consolidación política no exenta, por cierto, de afinidades ideológicas. Esto ha sido documentado durante años por distintas organizaciones, agencias de seguridad, fiscales, cortes y gobiernos del mundo.

A mediados de 2017, una investigación sacó a flote que el régimen chavista y el régimen libanés otorgaban pasaportes diplomáticos a militantes de Hezbollah para facilitar sus movimientos a gran escala [François Bayni].

En marzo de 1992 [Embajada de Israel. 22 muertos] y julio de 1994 [mutual judía AMIA. 85 muertos] ocurrieron en Argentina dos atentados terroristas. Se sindicó a Hezbollah como ejecutor y a Irán como planificador de las agresiones. Fue precisamente el evento de 1994 el que el fiscal especial argentino Alberto Nisman investigaba y que motivaron [según confirmaron los jueces en setiembre de 2018. Leah Soibel] su asesinato el 18 de enero de 2015. Nisman pasó años documentando la trama cuyos perpetradores siguen impunes. Un día antes de morir se aprestaba a acusar al gobierno kirchnerista de encubrir, tiempo después, a la red de ejecutores del atentado. Cuatro años han pasado y el asesinato de Nisman también sigue impune.

Los especialistas en seguridad y expertos han advertido sobre la maraña de ‘células activas’ [con objetivos financieros y políticos] y ‘células durmientes’ [con fines de acción terrorista] que pacientemente Hezbollah habría montado en América Latina hasta el día de hoy. Los cálculos son que los ‘durmientes’ podrían activarse contra intereses estadounidenses e israelíes en la región; ello dependiendo de cómo se desenvuelva un futuro conflicto abierto entre Israel, Hezbollah e Irán en el Oriente Medio.

La interrogante que se plantea es si, a parte de ese condicionante que obra a miles de kilómetros del continente americano, una eventual intervención militar en Venezuela –si es que las presiones económicas y diplomáticas fracasan– para remover a la dictadura chavista podría también activar a las células durmientes que se involucrarían en el conflicto. Esto para cumplir con el apoyo explícito que el grupo extremista dio al régimen de facto de Maduro hace pocos días [al igual que el narcoterrorista ELN de Colombia y sus células con presencia en territorio venezolano]. En una reciente carta, Hasan Nasrallah, jefe de Hezbollah, escribió: “Esta es solo una pequeña parte de lo que el partido puede ofrecer al presidente Maduro y a la memoria de su antecesor, Hugo Chávez, a cambio del apoyo que le dieron a Hezbollah e Irán. En términos de aportar fondos para la actividad del partido” [Tayyar, 3/2/2019]. El dictador venezolano agradeció la misiva.

En suma, y al margen de cualquier duda razonable, la letalidad de Hezbollah no solo se relacionaría con los ámbitos económicos ilegales y de montaje de redes potencialmente extremistas –y terroristas–, sino además por la capacidad de infiltración que podrían lograr en los procesos políticos internos –incluyendo las dinámicas municipales y regionales y las estructuras de corrupción– de algunos países latinoamericanos.

El Hezbollah proiraní ha sido localizado en varios lugares del continente. La zona de la ‘Triple Frontera’ entre Argentina, Brasil y Paraguay es hoy un epicentro clave de acciones. En Perú, su presencia fue detectada hace años bajo afanes de índole ‘cultural y religioso’. La pregunta aquí es si las conexiones políticas –que también existen– y subterráneas que Hezbollah ha logrado en suelo peruano –y boliviano–, suponen riesgos de progresiva radicalización y de desafíos violentos antioccidentales a mediano o largo plazo.

El analista italiano Emanuele Ottolenghi [FDD. Fundación para la Defensa de las Democracias. Washington, DC] nos alcanzaba algunos comentarios sobre el tema:

[1]: Con claridad usted ha venido señalando sobre “la convergencia entre las redes de financiación del terrorismo y la delincuencia organizada transnacional”. Habiéndose detectado actividades ilícitas de Hezbollah y vínculos con redes de crimen organizado en la región, esto también tendría un accionar paralelo con redes encubiertas de agentes operativos prestos a realizar atentados terroristas con impacto político en determinado momento. ¿Qué brazo estaría organizando estas redes?

E. Ottolenghi: “La red de apoyo a Hezbollah en la región está directamente controlada por la autoridad del Consejo Ejecutivo de Hezbollah. Uno de sus miembros es responsable de la organización de seguridad externa, que tiene todavía un componente económico. Entonces los que están involucrados en el tráfico de droga en el lavado de dinero y en otros comercios ilícitos hacen parte de la misma estructura responsable del establecimiento de células operativas y de la red de apoyo logístico al terrorismo”. 

[2] ¿Si las operaciones delictivas a las que se dedica Hezbollah son bastante rentables les convendría iniciar acciones terroristas para desestabilizar a la región donde gozan precisamente de impunidad y cierto descuido por parte de los gobiernos hasta ahora?

E. Ottolenghi: “En general intentan golpear contra objetivos estadounidenses, israelíes o judíos. Lastimosamente, como demuestra el atentado contra la AMIA [Argentina] de 1994, este tipo de acción no hace daño a las actividades del financiamiento al terrorismo. Además, Hezbollah está aliado con cárteles y otras organizaciones criminales muy fuertes. Para golpear a sus intereses los gobiernos regionales deberían tener más fuerza y la voluntad política de golpear a los cárteles también, lo que no sucede siempre. Hezbollah tiene todavía acceso a políticos con la corrupción y no me imagino que esos renuncien al dinero”.

[3] ¿El escalamiento hacia un conflicto mayor entre Israel, Hezbollah e Irán podría activar las redes ocultas y las ‘células durmiente’ que Hezbollah tendría contra objetivos norteamericanos e israelíes en la región? ¿Utilizarían sus propias células, su propia infraestructura montada de ataques o incitarían a los extremistas locales de cada país con los que habrían establecido cierto grado de cooperación?

E. Ottolenghi: “Los extremistas locales son más probablemente utilizados para construir redes de apoyo y para agrandar el apoyo político a las causas de Irán-Hezbollah. Podrían ayudar a las células del terror. Pero creo que para golpear, llegarían células de afuera”.

Puedes encontrar más contenido como este siguiéndonos en nuestras redes sociales de Facebook y Twitter.





ico-blogueros-2018

Más Blogueros





Top
Domingo Pérez suma otro fracaso: no pudo encarcelar a PPK

Domingo Pérez suma otro fracaso: no pudo encarcelar a PPK