¿El salvador de Vizcarra o del nadinismo?

  • Fecha Martes 12 de Marzo del 2019
  • Fecha 7:49 pm

El gobiernismo emprende un movimiento rápido para tratar de contener un indicador vital de su brújula política: el retroceso de la ‘adictiva’ popularidad presidencial. 

Luego de un declive de varios puntos en su aprobación detectado por las encuestas –y que puede adoptar una tendencia riesgosa– el presidente Martín Vizcarra apuesta a un cambio de primer ministro a fin de reproyectarse. Esto luego de un agotamiento de un César Villanueva sin protagonismo y que parecía desenvolverse con cierta opacidad y medianía.

Esa fragilidad del encargado del primer gabinete ministerial de la era vizcarrista –‘sin bancada ni partido’, como se ha hecho habitual describirlo en los análisis políticos– tuvo su onda expansiva. Ahí está la desaprobación al Gobierno en su conjunto, sobre todo a los ministros, y que contrastó con la aprobación presidencial que hoy también empieza a descender. ¿Podrán remontar las coyunturas por venir?

El elegido para la labor de rescate político es el exministro de Cultura de PPK, Salvador del Solar. Un personaje carismático, de habilidades comunicativas. No carente de ciertas posturas valiosas en el ámbito social –libertades personales– y no exento de posiciones en lo político y económico. Es también conocida su postura antifujimorista. Un elemento que poco podría hacer si la privilegia como insumo de desempeño al haberse prácticamente neutralizado el influjo político del keikismo y el kenjismo.

En busca de norte, no pocos comienzan a preguntarse sobre hacia dónde apuntará en su gestión. Una muestra podemos verla en sus últimas intervenciones en las redes sociales.

Del Solar es un entusiasta propulsor [vía Twitter] de las propuestas que se generan en la asociación ‘Hacer Perú’. Un centro de difusión de políticas públicas constituido por reconocidos profesionales que ocuparon cargos importantes durante el gobierno de los Humala-Heredia.

Afanados en restar importancia al rol de los sectores privados en el desarrollo y el bienestar de los peruanos, y descuidando esperadas reformas estatales de fondo, el eslogan clave bajo la que estos funcionarios operaron fue el famoso ‘incluir para crecer’. Aquel que se propagandizó y marcó la difícil herencia recibida por el pepekausismo en 2016. Una herencia entrampada de conflictos y con un discurso que sacó brillo a una suerte de relato del anticrecimiento económico sobre la base de no pocos lineamientos ideológicos y ‘pragmáticos’.

Colocando los caballos –el crecimiento– detrás de la carreta –la inclusión–, se trató de introducir un chip en la opinión pública que privilegiaba la ‘redistribución’ sobre la generación de riqueza. Una dinámica en la que el Estado y su creciente burocracia no eran acompañantes efectivos, sino protagonistas principales de los evasivos ‘cambios’. El resultado: se minimizó el rol de los particulares, de los sectores privados de todos los tamaños [pequeños, medianos y grandes] sobre todo en el ámbito de la reducción de la pobreza que de una u otra manera venía caracterizando el proceso peruano.

Hoy continúa esperándose atención urgente a una reforma funcional del aparato público. El Congreso también sacó cuerpo al respecto. En empujar al menos algunas reformas serias que degraden la hipertrofia estatal –tanto central como regional– en pro de un diseño institucional operante. Además de engavetar la ‘moda política’ imprudente de señalar al crecimiento económico casi como el culpable de todos los males nacionales. Absurdo, siendo este la fuente primordial de recursos para poder actuar.

En contraste, hoy existe la positiva percepción de que sin una comunicación libre de ambigüedades, una narrativa explícita y acciones reales que propicien la reactivación económica poco se conseguirá para seguir ‘incluyendo’. Una reactivación de inversiones de toda escala se impone incluso como sentido común y que la gente parece reclamar junto a las no menos importantes ‘lucha contra la corrupción’ y la seguridad ciudadana.

Ya a fines de 2018 el 65% de encuestados creía que el país ‘se ha estancado’, frente al 29% que creen que sí ‘ha avanzado’ con Vizcarra [30/11/2018. Datum]. Mientras que un 51% consideraba que el mandatario ‘no tiene un plan de trabajo y está improvisando’ [04/12/2018. Datum].

Está por verse entonces, por un lado, la intensidad que el premier Del Solar aplique como ‘salvador’ práctico de lo queda de la gestión de Vizcarra –que dejará el poder el 2021 para convertirse en ‘un ciudadano común y corriente’ como lo ha señalado– y de su preocupación por el declive de la ‘popularidad’; del recelo al costo político que neutraliza las decisiones necesarias y a veces ‘impopulares’.

Por otro lado, dentro de un afán de que la definición de las alternativas, de las agendas y de los conflictos dominantes puede ser un ‘instrumento supremo de poder’ y de supervivencia, lo que sí podría asumirse es que el nuevo premier podría encarnar un intento ‘salvador’ de la retórica, del legado del discurso –ideológico– económico y político que caracterizó el quinquenio del nadinismo gobernante y de algunos de ‘sus ministros’.





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