Golpe al narcoterrorismo en Huanta [Vraem]

Fue en el distrito de Pucacolpa, provincia de Huanta en Ayacucho, donde se ha dado otro importante golpe al narcoterrorismo en el Perú. Bajo una intervención que combinó acciones de inteligencia de la Policía Nacional y acciones operativas del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas [CCFFAA] se eliminó el último sábado al ‘camarada Leónidas’, principal escudero de seguridad de Jorge Quispe Palomino, el ‘camarada Raúl’.

El resultado del enfrentamiento es significativo porque, entre otros factores, ayuda a contrarrestar la percepción que pretende instalar el Partido Militarizado Comunista del Perú –MPCP, como se hacen llamar los remanentes de Sendero Luminoso en esa zona–, de tener una posición de crecimiento expectante más allá de las demarcaciones del Vraem. Hace no mucho se confirmó sus intenciones de darle mayor estructura orgánica a los contactos políticos que han ido alcanzando en los últimos años.

Su actual funcionamiento muestra de cierta forma su naturaleza no solo entrelazada con las redes delictivas de narcotráfico sino además su persistencia en el montaje de un aparato con objetivos políticos conexos. Y con operadores descentralizados o con mayor margen de desplazamiento. Ahí están, por ejemplo, los vínculos de cooperación y apoyo logístico con miembros de perfil político del Sutep-Conare [Ayacucho] detectados [vía escuchas telefónicas legales. Divinesp] hace ya casi ocho años. Las coordinaciones mostraban los afanes por utilizar ‘bases de apoyo’ para la captación de adeptos. Otro frente de actividad política está relacionado con el etnonacionalismo vía ASPRET; organización que llegó incluso a formar un Frente Unido Democrático Revolucionario del Perú con el senderista MPCP de Víctor Quispe Palomino, camarada ‘José’, en 2017. “Nos hemos sentado en igual condición de comandante a comandante y hemos puesto nuestra bandera al mismo nivel… mientras nosotros desarrollamos la acción política, ellos están desarrollando la acción armada”, resaltó Eddy Villarroel, alias ‘Sacha’, el líder de un sector de ‘reservistas’ –otrora antauristas– de ASPRET en 2018.

En esa proyección es importante dejar de ver a los senderistas del Vraem como simples ‘sicarios’ o ‘guachimanes del narcotráfico’. Si bien es cierto como señala el general PNP Vicente Tiburcio, jefe de la Dircote, que “ya no tienen a los pensadores de antes” es innegable que los intereses no son solo económicos, transaccionales en nexo con el narcotráfico, sino que además mantienen un perfil y una dedicación planificada [al margen de las tácticas sicosociales adoptadas con fines de reforzamiento grupal interno] de signo político-ideológico.

El narcoterrorismo, de una u otra manera entrelaza ambas dimensiones: el crimen como base de financiamiento, y el terror, tanto como instrumento de seguridad para afianzar alianzas criminales como de índole político [el desplazamiento de población civil, el aniquilamiento selectivo y las amenazas de violencia a ‘los traidores’ civiles ha retomado forma en este espacio geográfico].

La hoz y el martillo, que los Quispe Palomino enarbolaron desde los ochentas bajo las órdenes de Guzmán Reynoso, continúa siendo clave no solo como soporte de la escenografía video-fotográfica del ‘Militarizado Partido Comunista del Perú’, MPCP, en el Vraem, sino además en las estrategias comunicacionales y en las narrativas político extremistas. Es decir, en la propaganda política incluyendo los espacios digitales ‘en línea’ en pro del reclutamiento.

En los últimos documentos senderistas obtenidos por las fuerzas de seguridad peruanas se detallan planes de expansión [comités regionales de norte, centro, sur, y el de Lima Metropolitana, etc.] y múltiples acciones de violencia. Hace bien en este aspecto el jefe de la Dircote en comunicar a la población –sobre todo fuera del Vraem– la falta de capacidad real de los terroristas para perpetrar ese tipo de acciones armadas más amplias. Además de afirmar su preocupación por investigar hacia dónde se canaliza el dinero que los grupos de narcotráfico les entregan. “Es un trabajo que estamos haciendo”, señala Vicente Tiburcio.

La amenaza que representan los remanentes de Sendero Luminoso sigue siendo focalizada en esta parte de la selva. Sin caer en la subestimación, no suponen hasta ahora riesgos letales de alcance nacional, ampliados. En ese sentido la ciudadanía, más allá de los límites del Vraem, no debe caer en alarma.

Constituyen sí, una amenaza seria, directa para los miembros de las fuerzas del orden –militares y policiales– que combaten todavía enfrentando al narcoterrorismo. Un alto riesgo de seguir enlutando a muchas más familias peruanas, como ha ocurrido con los cientos de caídos en los últimos 26 años –poscaptura de Abimael Guzmán– en ese peligroso y denso territorio selvático.





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