La dictadura y sus aliados

  • Fecha Viernes 25 de Enero del 2019
  • Fecha 4:20 pm

‘Jamás renunciaré’ advirtió Maduro luego de una semana de protestas ciudadanas por toda Venezuela y de graneadas presiones mundiales. Sin contar a los caídos durante los últimos años, desde el lunes se han registrado 26 asesinados [OVCS] y 328 arrestados [Foro Penal].

Todo esto en medio de una debacle económica cuya hiperinflación se proyecta en 10.000.000% para este 2019 [FMI]; y un éxodo que se pronostica en 8 millones de venezolanos si la crisis no se detiene [Instituto Brookings].

Muchos ven el pronto final de la dictadura chavista. Impredecible en realidad. Los factores internos y externos si bien van sincronizándose parecen no tener aún la contundente intensidad que deberían. Y ello hace suponer, lamentablemente, un alto costo humano. El régimen, amparado por fuertes aliados externos y sobre la base de poderes militares que han unido su destino al de la élite socialista ‘bolivariana’, puede volver a voltear la coyuntura y reafirmarse en el poder. Como el castrismo, con sesenta años controlando Cuba y todavía en medio de mundiales aplausos y ‘buena prensa’.

El aislamiento internacional se ha intensificado. Es lo que más teme el régimen –aunque logró la complicidad de México y Uruguay–. Pero cuenta con dos poderosos aliados: Rusia y China [toda una suerte de ‘guerra fría’ de nuevo signo]. Y Cuba, efectivo y real administrador de los conflictos internos gracias a sus aparatos de inteligencia infiltrados sobre todo en las ‘fuerzas de seguridad’ oficiales. A estos actores aliados se suman Irán, Siria, Turquía, Nicaragua y Bolivia. Países con una alta gama de autoritarismo y con muy bajos niveles en temas de libertades civiles, políticas y económicas [Índice de Libertad Humana. Instituto Cato]. Una muestra del fuerte sentido ideológico y antiliberal que caracteriza a estos mutuos cooperadores transcontinentales.

Pasando por las narcoterroristas ELN y las FARC –hoy ‘partido político’– colombianas, hasta el grupo terrorista libanés Hezbollah –articulador de redes subterráneas de apoyo financiero ilícito y político por toda Latinoamérica– también han dado su espaldarazo al heredero de Chávez. Un indiscutible riesgo para la seguridad regional.

A estos apoyos externos se agrega una maraña de ‘colectivos’ civiles armados que con brutalidad fueron contrarrestando la resistencia de la gente. Inoculando el miedo a la movilización, los contextos de protestas –incluso las pacíficas– han solido perder sostenibilidad. A esto se añade la dificultad de una acción autónoma dentro de las Fuerzas Armadas para derrocar al tirano: operaciones [11 durante el madurismo, según militares refugiados en Perú] siempre neutralizadas por los infiltrados cuerpos de inteligencia cubanos [el G2] que han replicado su efectividad en Venezuela.

Luego de dos décadas en el poder, para el chavismo la gran estrategia sigue siendo el ‘proceso revolucionario’. Para ello se apeló a ‘mil tácticas’ en pro de consolidar ese proceso, incluyendo la vía lectoral de una democracia inadvertida. Luego sobrevino la irreversible coacción institucional, antirrepublicana. Ese ‘modelo’ tenía también que exportarse. “Chávez ensambló varios movimientos de izquierda en América Latina, incluso impulsó grupos en EE.UU. y Europa”, comentaba el desaparecido periodista argentino-venezolano Alberto Garrido en 2006.

Durante años se advirtió de los peligros por venir, pero fueron desestimados y hasta ridiculizados. Hoy muchos que desde hace tiempo dijeron poco o nada para no incomodar a las izquierdas regionales –beneficiarias de una prensa tan solo preocupada por los riesgos de las ultraderechas pero no de las ultraizquierdas–, al fin piden precaución o sanción. Ya era hora.

Mientras tanto, en Bolivia, muchos esperan no se replique la indiferencia, la poca cautela con respecto al afán reeleccionista de Evo Morales. Un epicentro de conflictos políticos e ideológicos potencialmente violentos [y que pueden cruzar fácilmente hacia el Perú por Puno].   

Es obvia entonces la trayectoria de estos proyectos de poder de largo alcance. Aquí la pregunta es: ¿La región podría aguantar la cubanización de Venezuela a la par de la venezolanización de Bolivia?





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