Los ‘incrédulos’ y ‘Vizcarra 2021’

  • Fecha Martes 22 de Enero del 2019
  • Fecha 6:36 pm

El mandatario Martín Vizcarra pidió hace dos días, para arrancar el año, que no se siga insistiendo en decir que las medidas que su gobierno adopte en adelante sean para catapultarlo como candidato el 2021. “Eso está absolutamente descartado”, señaló con contundencia. Y es la cuarta vez que lo hace en lo que va de gestión.

“He tenido, quizás de manera precipitada o sorpresiva, el encargo constitucional de asumir la presidencia de la República y estoy para completar la gestión de cinco años que concluye el 28 de julio de 2021. […] Lo vuelvo a repetir para los adversarios políticos e incrédulos, el 28 de julio estaré entregando la banda presidencial a quien me suceda”, señaló Vizcarra. 

Como anotábamos en este mismo espacio en diciembre pasado [Vizcarra 2021: ¿El ‘repechaje’?] han sido varias las veces que el presidente ha explícitamente rechazado cualquier postulación —aunque habla más en términos de ‘candidato’ evitando el de ‘reelección’—. 

Recordemos: “Voy a culminar mi mandato. Aquí quiero ser absolutamente categórico. No buscaré ningún resquicio legal para tratar de ser candidato presidencial en el 2021”, dijo en mayo [El Comercio. 06/05/2018]. “Tengan la seguridad, el 28 de julio del 2021 estaré entregando la banda presidencial al sucesor, de todas maneras. […] y de allí seré un ciudadano común y corriente”, volvió a resaltar en setiembre” [CNN. 10/09/2018].

Terminando el 2018 dijo por tercera vez: “Hemos sido absolutamente claros. Y como acá esta entrevista queda grabada y va a estar escrita, digo y ratifico: no voy a ser candidato en el año 2021. Lo descarto absolutamente. Vamos a trabajar […] hasta el 28 de julio del 2021. Y ahí entregaremos la posta a quien elija el pueblo peruano para que nos suceda. […] En ningún momento pensamos en posibilidades de elección, lo que generaría una distorsión en decisiones importantes que tomamos día a día” [Semana Económica. 14/11/2018].

A pesar de la firmeza de Vizcarra en este asunto, hay quienes –recurriendo a aquello de que la ingenuidad no es una virtud de la política– no creen en su postura. ‘Podría cambiar de opinión’, dicen. Más si los asesores, los políticos-constitucionalistas y las ‘interpretaciones auténticas’ pulen la figura. Y más si es que ‘el pueblo lo pide’.

En todo caso, lanzar una candidatura luego de la contundencia en las palabras que niegan hoy la posibilidad lo descolocaría en su momento, de arranque, al iniciar una campaña con una llanta reventada ante otros contrincantes que resaltarían su seria contradicción. Una riesgosa apuesta.

De toda cuenta, hoy el jefe del Estado parece estar obrando con prudencia, en este terreno, conteniendo las especulaciones. Sobre todo porque una apuesta así, que agravaría un escenario de conflictos tóxicos, lo haría proceder –junto a su equipo– a punta de serias distracciones en menoscabo de sus vitales funciones gubernamentales. Funciones que en contraste con su actual popularidad particular no han producido todavía efectos medibles en la gente. Tal como lo señala la desaprobación que la misma población está emitiendo frente al Gobierno en su conjunto.

Así pues, el influjo de entusiastas gobiernistas –incluso mediáticos– puede conducirlo al error alterando la frágil situación de poder que ha alcanzado en medio de una opinión pública tan temperamental y cambiante como la peruana.

Una opinión pública que más que seguir presenciando o alentando pugnas por consolidar poder o intentos imprudentes por engramparse a él, demandará cada vez más por acciones de gobierno –sin distracciones ni ‘distorsiones’ que afecten las ‘decisiones importantes’, como el mismo mandatario ha señalado bien– que materialicen resultados. Resolviendo o al menos mitigando sus problemas cotidianos. Mucho más allá de las reformas políticas o judiciales –al margen de si resultarán siendo efectivas o no– que se están impulsando.





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