¿‘Todo el pueblo’ está con Vizcarra?

Es innegable, a estas alturas, que el Congreso actual es el epicentro del rechazo ciudadano. Al menos esa es la percepción dominante instalada. No es por cierto la de mayor desaprobación en los últimos 19 años. Se ha detectado que los picos máximos de rechazo a esta institución llegaron durante el período de Toledo a 91% [dic 2005]; con García 85% [dic 2009]; con Humala 86% [junio 2014]; y con PPK 77% [marzo 2017]. Hoy, en la era de Vizcarra el Congreso obtiene un 72% de rechazo [julio 2019] según última encuesta de Ipsos Perú.

Mientras el vizcarrismo logró con audacia engramparle casi todos los males políticos nacionales, sus celebrantes izquierdistas arremeten en el plano económico haciendo extensivo, también como ‘culpables de la crisis’, al ‘modelo’ económico y la Constitución que lo respalda.

Es llamativo, en ese sentido, una suerte de cruce o alineamiento entre los afanes gobiernistas y los de las izquierdas –incluyendo la parlamentaria– en estos dos planos de combate, político y económico. No por nada las izquierdas ideológicas aplaudieron la confrontación incesante –entre ‘las derechas’– que ha caracterizado las coyunturas post 2016.

Ciertamente, de otro lado, el Congreso dio signo torpe y sostenido de desconexión con la población. Se esperaba su participación para gobernar. También para eso fue electo: para facilitar con mayor ritmo las respuestas a las urgencias sin caer en el populismo ramplón. ¿Llegará el momento en que se tenga un Legislativo y un Ejecutivo, codo a codo, sacando adelante una reforma operante y contundente del Estado, por ejemplo? Aquella reforma que sigue evadiéndose, quinquenio tras quinquenio, y que explica en mucho las precariedades sociales, políticas, económicas e institucionales del país. Lamentablemente la contrapolítica de la confrontación indetenible –y a veces infantil– y los juegos de poder fueron campeonando.

Volviendo al título de esta columna, cierto es que el Congreso se lleva la medalla del rechazo ciudadano; pero, ¿es el Ejecutivo el beneficiario automático de las circunstancias y de la completa aprobación popular? ¿Está ‘todo el pueblo’ con el mandatario?

La última encuesta del 19 de julio de Ipsos Perú, muestra contrastes notables. Vizcarra no posee el 80% o 90% de aplausos como algunos suponen. No. Alcanzó un 44% de apoyo [6 puntos menos con respecto a junio], mientras un 45% lo desaprueba. Obviamente, es posible que vuelva a subir en la ‘lógica de choque’ luego del mensaje político del 28 de julio. Como también es posible que vuelva a bajar nuevamente cuando la opinión pública retome atención sobre los desatendidos problemas cotidianos que los abruman [ya pronto acaban los Panamericanos].

Es pues en este terreno que la desaprobación resalta con respecto a las acciones de gestión gubernativas, o a la ausencia de ellas, que la ciudadanía demanda y no ve. La misma encuesta [julio 2019, Ipsos] muestra estas incomodidades.

Ante la pregunta de “¿Cómo evalúan los peruanos el desempeño del presidente Martín Vizcarra y su equipo de gobierno en el manejo de distintos temas?”, solo el 16% considera que está manejando bien la educación pública, mientras solo 15% evalúa que lo hace de igual forma con la construcción de infraestructura. Por su parte, solo el 15% cree que lo está haciendo bien con la promoción de la inversión privada.

Con la salud pública solo el 14% muestra su aprobación; y solo el 12% en la lucha contra la delincuencia. La generación de empleo recibe el 10% de respaldo; mientras solo el 10% cree que lo hace bien en el manejo de los conflictos sociales. Coronando las incomodidades ciudadanas, solo un 8% de peruanos considera que el presidente Vizcarra está manejando bien o muy bien la reducción de la pobreza.

Así, si con no poca razón los congresistas son seriamente rechazados, gobiernistas son desaprobados en aquello para lo que también fueron electos: GOBERNAR, ejecutar con resultados. Esa condición en la operatividad es la que se suele pasar por agua tibia, sobre todo en gran parte de los medios de comunicación entretenidos en el conflicto insoluble y la guerra de poder y de posiciones entre los actores políticos y sus narrativas.

En otros flancos más amplios, según zonas a nivel nacional, solo en Lima la desaprobación presidencial de 47% es menor a la aprobación con 52%. En contraste, la desaprobación a Vizcarra es mayor en todas las demás zonas del país como el Norte [50%], Centro [55%], Sur [56%] y Oriente [46%]. Es una muestra obvia de cómo la población no está muy contenta con la gestión gubernamental actual.

Con respecto al primer ministro solo un 38% se encuentra conforme con su gestión; a la par un mayoritario 42% se muestra disconforme y un 20% no precisa –o no ve nada– sobre Salvador del Solar.

Que la ciudadanía no tenga tan presente o no esté hablando sobre estas cifras que reprueban las acciones gubernativas, de gestión del Ejecutivo, puede deberse a que el gobiernismo cuenta con un abrumador apoyo de ciertos sectores mediáticos más preocupados en resaltar la degradación del Legislativo. Un Legislativo que, por cierto, se ha ganado a pulso el rechazo de la gente. Esto es innegable.

Así, el dominante periodismo ‘influencer’ se ha ido convirtiendo también en actor no menos importante de nuestro sistema de conflicto actual, impactando no solo en los humores de la opinión publica sino además en los probables resultados del tensionado proceso político y de la pauta de poder.

A gran enfoque, el ‘prosistema’ y el ‘antisistema’ parece ser una de las polarizaciones de fondo que pugna por agarrar protagonismo. Y en esta potencial dicotomía los actores regionalistas están teniendo un rol influyente. Ocupado por el juego de poder y la respuesta a los contrincantes, ¿el vizcarrismo es consciente de esta pulsión antisistémica? ¿Las contendrá de manera directa o los alimentará indirectamente? Si Vizcarra gobierna de verdad –sobre todo en consenso– el sistema se reafirma, si no lo hace se ralentiza. He ahí el deseo de los antisistema y del caos que propugnan. La ciudadanía, hastiada, parece no percatarse también de estos cálculos no exentos de extrema politización e ideología.

La pregunta ineludible que además surge es sobre quiénes se instalarán en el poder, tanto en el Ejecutivo y en el Legislativo, en las próximas elecciones, sea el año que sea. ¿La problemática económica y el conflicto político se frenarán con esos ‘nuevos’ actores? Un estimado sencillo lleva a pensar que todo se podría complicar aún más.

POR: MIGUEL LAGOS

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