¿Una ‘lucha anticorrupción’ autoritaria y selectiva?

  • Fecha Sábado 20 de Abril del 2019
  • Fecha 6:26 pm

Además de repercusiones políticas –tanto nacionales como partidarias– de impredecible alcance, la muerte del expresidente Alan García ha intensificado el debate sobre las detenciones preliminares y preventivas a las que el sistema de justicia peruano está recurriendo en la propagandizada ‘lucha contra la corrupción’.

Hugo Neira, por ejemplo, señalaba a la prensa extranjera que “la lucha anticorrupción en Perú está actuando de forma autoritaria, utilizando la prisión preliminar y preventiva de forma arbitraria… puede ser usada como arma política… por ejemplo, en vísperas de procesos electorales” [18/04/2019. El Mercurio. Chile].

¿Se está en el país ante una instrumentalización selectiva de la justicia, vertical y prepotente, para ‘castigar’ a adversarios o ‘victimizar’ a aliados vía estos mecanismos preliminares y preventivos? ¿Obran dosificados cálculos políticos detrás de ellos? Son preguntas que tendrán cada vez más atención entre la ciudadanía. Esto al margen de las exigencias necesarias de debidos procesos que realmente culminen en sentencias limpias e irrefutables.

La gente sin duda irá moldeando sus posturas a punta de percepciones que impactará, quiérase o no, en futuras situaciones de poder. Así, la población vio cómo Toledo logró ‘salir del país’ a tiempo. ‘¿Lo dejaron escapar?’, se preguntan. Vio también cómo Fujimori fue indultado y luego devuelto a prisión. Presenció además el encarcelamiento de su hija y principal líder opositora. Y antes de ello la detención de Humala y Heredia, hoy libres —y víctimas— y curiosamente sin ninguna acusación formal hasta hoy por parte de los fiscales [¿será la ‘prisión preventiva’ la única ‘sentencia’ que asumirán?]. También fue testigo de cómo ‘no ocurre nada’ hasta ahora con Susana Villarán y su entorno. Y por último, recibió pasmada el suicidio de un expresidente luego de la detención de otro expresidente, el anciano PPK, como antesala de lo que no pocos señalan como la ‘judicialización de la política’.

Estos mecanismos legales, usados de forma de inescrupulosa, pueden activarse para el aniquilamiento de unos y la victimización de otros cuando se convierten en armas políticas que se apuntan selectivamente.

En la coyuntura, la autoliquidación de García tiene un contundente e innegable significado político. En toda regla. Un verdadero suicidio político. Resaltado además por el contenido de una carta leída por su hija Luciana en medio de un contexto inesperado para los peruanos —sobre todo para sus enemigos—, aunque no para su propio autor. Con un “[dejo] mi cadáver como una muestra de mi desprecio hacia mis adversarios”, culmina García la parte del mensaje dirigido a quienes señalaba, con sus propios motivos, como los reales operadores de una justicia politizada y selectiva. A ellos finalmente, los venció.

Este mensaje arropado de una decisión terriblemente resuelta —y sangrante— será sometido a diversas interpretaciones y tendrá ocupados no solo a quienes escriben la historia, a politólogos, a analistas y comentaristas de la política y periodistas, sino también a una polarizada opinión pública nacional.

Rescato unos comentarios finales de Jaime Bayly sobre el exlíder aprista: “No quiero dejar de decir que de todos los políticos peruanos que yo he conocido, y los he conocido a todos, por el derecho y por el revés, el lado A y el lado B, el más formidable y el más talentoso fue Alan García. Era muy orgulloso y supremamente inteligente; yo sé reconocer el talento y la inteligencia. Y no estoy hablando aquí de virtudes morales, no digo el más virtuoso. Digo que García era un animal político de una inteligencia superior, que yo creo que estuvo a la altura del fundador de su partido Haya de la Torre, pero que incluso lo superó. Haya nunca llegó al poder y Alan lo consiguió dos veces”.

Y sí pues, dos veces García llegó al poder, al igual que Fernando Belaunde Terry con quien –por sobre las diferencias políticas– mantuvo una relación recíproca de respeto, aprecio y cordialidad.





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