Coronavirus: Un año después de la pandemia
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En estas últimas semanas, la cifra de fallecidos por el coronavirus en el Perú ha superado los 100,000 casos. Ante esta preocupante situación, cuya gravedad ha de acentuarse por el surgimiento de nuevas variantes del virus, es menester que la población se comprometa seriamente con el cumplimiento de la cuarentena decretada. Por tal motivo, debemos mantener la distancia social (2 metros), usar mascarillas, lavarnos frecuentemente las manos y hacer el menor número posible de salidas.

Sin embargo, nuestro país tiene una serie de obstáculos que dificultan implementar una política de confinamiento prologando que reduzca el impacto de la pandemia. Dichos impedimentos son de naturaleza variada (legal, económica, salud, social) y se han hecho más evidentes en estos difíciles tiempos.

DIFICULTADES PARA LUCHAR CONTRA EL CORONAVIRUS

Legales: Al vivir en una democracia en la cual los derechos individuales (libre expresión, tránsito, reunión e inviolabilidad de domicilio) son garantizados por el Estado, se hace muy difícil obligar a las personas a acatar un largo aislamiento. No importa que las autoridades tengan la ley de su lado en este tipo emergencias, siempre existirán limitaciones y temores a la hora de aplicarla (policía puede ser sancionado por uso “excesivo” de la fuerza al intervenir una fiesta ilegal). Esto no ocurre en China u otros países totalitarios, los cuales pueden darse el lujo de poner en prácticas medidas más drásticas (clausura de ciudades enteras por largos periodos de tiempo o censura de la información que es transmitida o recibida por los ciudadanos) y esperar una menor protesta social.

Económicas: Como todos sabemos, la mayoría de peruanos labora en empleos informales que solo le producen ingresos diarios. Es por este motivo que cada día no trabajado se convierte en una perdida dramática para él y su familia. Dicha coyuntura hace que muchos de ellos traten de burlar el aislamiento en búsqueda de sustento para su prole. De esta manera, el virus se expande de manera incontrolada e infecta a un gran segmento de la población.

Lamentablemente, la informalidad en el Perú es un asunto de larga data que las administraciones de turno no se preocuparon ni se preocupan por solucionar.

Salud: El sistema de salud peruano está en “coma”. La indolencia de los poderes de turno, la falta de infraestructura adecuada para atender a los pacientes, los pésimos sueldos que recibe el personal médico y los limitados presupuestos destinado a dicho sector han creado una entidad que se muestra incapaz de enfrentar al coronavirus.

Todas estas limitaciones, aunadas a la falta de una estrategia eficiente para luchar contra este mal y los errores cometidos por el expresidente Vizcarra a la hora de conseguir un buen contrato para las vacunas situaron al Perú como una de las peores naciones en el manejo de la pandemia.

Social: La sociedad es un factor esencial a la hora de llegar a la solución de esta enfermedad. Desde el surgimiento de los primeros casos, hemos sido testigos de la poca o nula colaboración de un sector de la población con las políticas gubernamentales (algunas de estas han sido erróneas e insuficientes). Para estas personas, el aislamiento es una “broma” a la que no se le debe prestar mucha atención. Vale la pena señalar que esta reacción ante los mandatos de nuestros dirigentes se debe (en gran parte) a que nunca nos hemos sentidos identificados con ellos y con la forma que nos han gobernado.

Esta situación ha creado una población incrédula e irrespetuosa de las ordenanzas que emite un Estado, el cual solo se hace presente para dar malos servicios y entorpecer nuestras vidas. Sin embargo, en estos momentos de urgencia para la patria, debemos dedicar cada uno de nuestros esfuerzos a la solución de la pandemia. Ya habrá tiempo para señalar a los culpables y responsabilizarlos por sus indolencias y fracasos de ayer y hoy.

MÁS DATOS

Debemos dedicar cada uno de nuestros esfuerzos a la solución de la pandemia. Ya habrá tiempo para señalar a los culpables y responsabilizarlos por sus indolencias y fracasos de ayer y hoy.

POR: JOSÉ CERNICHARO

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