El monopolio de las vacunas contra la covid
Foto: Andina
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POR LUIS LAMAS PUCCIO

No puede dejarse de reconocer que es una tragedia humanitaria de grandes proporciones que una parte significativa de la población nacional, en particular la de menos recursos, tenga que esperar varios meses o incluso años para poder acceder de forma gratuita a algunas de las vacunas que actualmente existen en el mercado internacional contra la covid-19, cuando otros países incluso con menos recursos han solucionado en parte el problema y disponen de una cantidad suficiente de vacunas como para cubrir a toda su población.

Sin perjuicio del fraude que implica que un grupo de funcionarios privilegiados de manera furtiva y delictiva haya logrado hacerlo, lo que define el tema es que hasta este momento son varios los millones de ciudadanos que no pueden ser vacunados y esperan largamente para poder hacerlo, entre otras razones, porque ha sido el mismo Estado que en su oportunidad consideró que lo conveniente era tener un monopolio absoluto sobre la compra, distribución y aplicación de las vacunas, a pesar de que nuestra Constitución Política en su artículo 58° y siguientes, establece que es función del Estado rechazar toda práctica o conducta que limite la libre competencia y favorezca el monopolio.

LIBRE COMPETENCIA

Hago este planteamiento porque uno de los avances más significativos que trajo el Nuevo Código Penal, promulgado en 1991, fue justamente la incorporación en nuestra legislación de la represión penal de aquellas conductas o prácticas como el monopolio, en el entendido que no hacerlo implicaba impedir la libre competencia.

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