27 relatos para no quedar bien con nadie
A+

Un año después de la publicación de “Gracias totales”, en homenaje a Soda Stereo, el editor Willy del Pozo se transmuta en ingeniero de sonido para ofrecer el segundo volumen de la colección Acetato (bajo su sello Ediciones Altazor), esta vez un “tributo narrativo” a Los Prisioneros. Como quedó establecido desde el libro inaugural, el setlist de “Hermosos ruidos” se compone de 27 relatos, número cabalístico en referencia al Club de los 27 (campos elíseos donde moran Hendrix, Joplin, Cobain y otros rockeros muertos a esa temprana edad).

A diferencia de “Gracias totales”, varios de los autores convocados manifiestan conocimiento no solo de la música de la banda reverenciada, y de la movida ochentera, sino del rock clásico en general, y en particular los Beatles, nombrados reiteradamente e incluso escogidos por una autora como personajes imaginarios (de hecho, Los Prisioneros siempre fueron admiradores de los liverpoolenses, aunque proyectaran otra imagen en el videoclip de “Maldito sudaca”).

El volumen se inicia con “La voz de los ‘80”, de Harol Gastelú, uno de los mejores cuentos seleccionados, escrito con lenguaje conciso, sin ínfulas literarias ni tramas rebuscadas, pero con una verdadera historia que contar, al mejor estilo de las primeras letras de Los Prisioneros. El personaje-narrador, un aficionado peruano al rock que pretende formar una banda que emule a Police o a los Beatles, narra su descubrimiento de la música contestataria del trío sureño en tiempos de Pinochet y la experiencia (accidentada) de asistir a uno de sus conciertos junto con su amiga chilena.

Otro relato sugerente es “El baile de los que sobran”, de Juan Manuel Chávez, una reinterpretación del tema de la canción, que invierte el sentido del éxito y el fracaso de una vocación asumida hasta sus últimas consecuencias, de acuerdo a las percepciones de los demás.

El ánimo inconformista resalta en “¿Por qué no se van?”, de Rodolfo Ybarra, a la vez reivindicación del autodidactismo antiacadémico y proclama anti statu quo.

Entre otras colaboraciones, destacan “Jugar a la guerra”, de Sascha Hannig, donde el inocente juego de “los “buenos y los malos” desemboca en un escenario hiperrealista y violento; y “Él es mi ídolo”, de Marcela Ponce, en torno a la devoción de una “fan” por un piloto de Fórmula 1 (inspirada en Elio de Angelis) que se extrema hasta confundir las dimensiones de lo real y lo onírico. De diferente registro, “¿Quién mató a Marilyn?”, de Leslie Guevara, narra una travesía casi psicoanalítica en la interioridad de una joven de clase media en relación con su padre y el tótem y tabú Marilyn Monroe. Por su parte, Rossana Sala colabora con “Estar solo”, texto breve, inclasificable, pero emotivo, sobre cómo la soledad también puede lidiar con la presencia simbólica de quienes admiramos de manera entrañable.

SUDAMERICAN ROCKERS

“Hermosos ruidos” también incluye relatos de Néstor Flores (“Brigada de negro”), Martín Roldán (“Sexo”), Ernesto Carlín (“Paramar”), Miguel Ildefonso (“Lo estamos pasando muy bien”), Alejandro Neyra (“Tren al sur”), Marcelo Novoa (“Estrechez de corazón”), Lutxo Rodríguez (“Generación de mierda”), Miguel Ruiz Effio (“Los templos”), entre otros. Asimismo, en el “Encore” aparecen historias gráficas de Daniel Maguina, David Galliquio, Carlos Lavida y Ricardo Lazo.

ARTURO DELGADO GALIMBERTI