Análisis de «Yo, Caimán»
Foto: Cinestesia
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Por: César Anglas Rabines

El tema del reptil se ha estudiado a nivel mental como la teoría de los tres cerebros, de Paul D. MacLean, quien postuló que existen tres niveles cerebrales, apoyado en su estructura: el cerebro reptil, que se encuentra en la base del cráneo, y que es común con aves y reptiles, controla la supervivencia y la reproducción.

Es mudo, compulsivo y estereotipado, es decir, se repite sin variación, sin dudas ni murmuraciones. Es el impulso que nos lleva a comer, a tener relaciones sexuales, a escapar de un sismo. En el libro Psicoanálisis de los cuentos de hadas, de Bruno Bettelheim, se explica con precisión cómo el sapo que la princesa besa es el símbolo de las cosas subterráneas de la mente, los instintos que se tienen que aceptar como un todo para poder disfrutar del príncipe.

Luego está el cerebro límbico, que envuelve al primero, y que controla las emociones. También es mudo, pero mucho más diverso e impredecible. Se postula que ha nacido para darle más impulso a nuestras acciones, que de lo contrario carecerían de ese fuego motivador. Finalmente, está el cerebro neocórtex, que piensa, habla y toma decisiones basadas en la lógica. Está detrás del hueso frontal, es el más reciente y lucha a brazo partido contra los otros dos.

SOBRE EL LIBRO

Asimismo, Caimán, el personaje de Alvaro Mayorca, historietista (Lima, 1990), lucha contra esos dos grandes y poderosos cerebros, que amenazan devorarlo, mientras trabaja como detective privado, atrapando criminales.

Caimán (que en realidad es una lagartija gigante), no tiene habilidades sociales, es indiferente a Lorena, que busca salir con él, sin conseguirlo, y para colmo arriesga la vida de su amigo Lobito Audaz en un caso de desalojo. Solo y abatido, recuerda al monstruo de Frankenstein, de Mary Shelley, con un gran lío de emociones, y deja el terreno para que pueda caer en el complot de los criminales, que le tienden una trampa. Si bien es cierto que Caimán es un reptil, no tiene la crudeza ni seguridad del Hombre Lagarto, el enemigo de El Hombre Araña, un ser solitario pero contento con su naturaleza, y por demás destructivo.

Caimán se parece más bien a un joven que trata de adaptarse a la sociedad. Como se le complica mucho relacionarse con sus semejantes en buenos términos, se dedica a atrapar criminales, entabla un vínculo con la sociedad, pero de otra forma. Para muestra basta la frase lapidaria del villano, cuando lo enfrenta: “sólo eres un triste tipo jugando a ser el héroe porque se siente mal consigo mismo”.

DUPLA

Alvaro trabaja también la dupla reptil-mamífero, en el sentido de soledad-sociabilidad. Su compañero de aventuras, Lobito Audaz, tiene un amplio círculo de amigos y una enamorada, lo opuesto a Caimán; sin embargo, llama la atención el complot de sus enemigos para destruir su imagen pública de justiciero, que es uno de los puntos clave en cada episodio.

¿Quién se tomaría el trabajo de destruir algo que no vale? Volviendo a la teoría de los Tres Cerebros, el personaje es un reptil, pero cuyo cerebro límbico (el emocional) lo domina, pues si sabemos que el cerebro reptil busca supervivencia y reproducción, aquí hace todo lo contrario, porque pone en riesgo su vida como si ésta no importara, y con sus torpes respuestas evita a la posible pareja, Lorena. Y cuando uno piensa que Caimán va a resignarse, solitario y hundido en las paredes del abismo, surge, como un ave salvadora, su lógica detectivesca (el cerebro neocórtex), y ata cabos de inmediato en una sola viñeta, sorprendiendo al lector y desentrañando el complot cometido. No es el héroe glorioso, no es Aquiles, es un ser que busca vencer, en primer lugar, sus propios conflictos.

Caimán, laguna de problemas fue presentado en FILAY 2020 por Pedro Rivera, historietista de Colombia. La historia tiene para muchos episodios. Estaremos atentos.

VÍNCULO CON POLICÍA

Otro punto interesante es su relación con la policía, pues logra atrapar a los criminales antes que ellos. Esta es una cualidad común con varios detectives de la televisión. La dualidad público-privado también se deja entrever, y Alvaro toma esa posta gloriosa, sin alterarla. Los policías tienen que soportar el figuretismo de Caimán y Lobito Audaz, cuando se toman fotos con los criminales.

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