Desde Huanchaco hasta Lima Sur: la ruta del Nobel

Documental reflejará cómo Vargas Llosa atraviesa costa peruana para inspirarse.

Por César Rojas

Entregado a su verdadera pasión y decidido a beber de todas las fuentes para crear más maravillas, nuestro Nobel de Literatura viene recorriendo lugares tan diversos como interesantes. Mario Vargas Llosa está de regreso en Perú, y sus hijos han publicado imágenes de su periplo, el cual será plasmado en un documental.

“Gonzalo, Morgana y yo nos turnamos al volante”, tuitea Álvaro, tal vez el más cercano políticamente al “Escribidor”. Con sus seres más queridos, el genio ha decidido acercarse a lo mundano, pisando arenas, degustando regalos del mar y regresando a la tertulia norteña peruana, tal vez lo que más añora.

Civilizado exeuropeo

21 de septiembre. El artista zarpa de Lima a La Libertad. En olor a puerto, aterriza en un tradicional restaurante de Casma. Allí repone fuerzas y llega a Huanchaco, tan acogedora y legendaria que podría provocar otra conversación en la catedral.

Acostumbrado a España, pero no desacostumbrado a Perú, el autor de El paraíso en la otra esquina posa para la lente del celular. La foto no revela una mano civilizada o europea, sino la de un todavía civilizado exeuropeo que, a “costa de su voluntad, aventuras y sufrimiento, había expulsado de sí la afección frívola de los decadentes parisinos”.

En botadero

“Puerto Eten, provincia de Chiclayo, 76 años después”, se lee en la red social del primer vástago. Vargas Llosa ni siquiera era un mozuelo, cuando en su década de vida, conociera el aliento del mar lambayecano. Sus idas y venidas infantiles eran mayormente entre Arequipa y Bolivia, tan diversos como adorables para sus afanes literarios.

Y es aquí donde surge el periodista que siempre lleva por dentro. Investiga el destino final de lo que fuera el antiguo ferrocarril porteño.

Esforzándose más que en su juventud, pero disfrutando infinitamente más cada segundo y cada partícula de Perú. Así llega a una “Picantería del mar”, nombre tan redundantemente apropiado para el objetivo.

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El genio prefiere usar el perfecto método tradicional para tomar apuntes: impregna la estructura de sus dedos, mezclada con la fuerza de sus músculos, tal vez no tan vigorosos como antes, pero mucho más sensibles. El talento es innegable, pero la experiencia creciente.

“El vertedero (botadero) de Reque. El novelista, cuaderno en mano, ante la basura. ¿Qué hará con ella?”, escribe y se pregunta al mismo tiempo Álvaro. Junto al ‘selfie’ de ley, el politólogo no solo ama o admira a su padre: se fascina con él, y luego de décadas de conocerlo, aún no logra descifrar qué construye en su mente.

Días que van y vienen en el norte -la mejor comida, dicen tirios y troyanos- dan paso al regreso a Lima, escenario de novatadas periodísticas, de brindis ejemplares y de los primeros éxitos.

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