Entrevista al escritor Gary Marroquín

Estamos invitados a ser partícipes de un emocionante viaje, donde el activismo político es matizado por los sabores y sinsabores del corazón.

Por Sixto Sarmiento

Tu nuevo libro es un testimonio de parte, ¿cierto?

En cierto modo sí, yo creo que en las historias confluyen dos cosas: lo que uno ha vivido y la ficción. Cuando la ficción se junta con la realidad, construyes relatos, creo que de eso se trata. Recuerda que en los años 80 el movimiento universitario fue conducido por la izquierda. En los claustros universitarios había mucho debate y activismo político, yo no era ajeno a esa experiencia, así que transité fecundamente por esos espacios, por eso en la mayoría de mis relatos recreo de algún modo esa experiencia.

¿Por qué el nombre?

Por dos motivos: me inspiró las letras de un viejo bolero cubano “veinte años”, que lo suelo cantar siempre, las letras nos dicen: el amor que ha pasado no se debe recordar, fuiste la ilusión de mi vida un día lejano ya, sin embargo, el protagonista del relato insiste en recordar ese viejo amor en las frías calles de La Paz, Bolivia, luego entiende que ya no es posible, solo gratos recuerdos del pasado. La historia de Veinte años atrás juega en paralelo, por decirlo de algún modo, entre las estrofas del bolero y el desarrollo de la historia. Por otro lado, los doce relatos que contiene el libro evocan al pasado, por eso también el nombre.

Muchos se identificarán con los personajes de tus relatos, ¿verdad?

Qué duda cabe, de hecho, algunas personas que han leído el libro me hicieron saber que se sentían identificados con uno u otro personaje. Los que, en los años 80, estuvieron involucrados en los movimientos secundarios o universitarios, en cierta manera se sienten identificados, por esa suerte de activismo político y romance que les tocó vivir. Conozco muchos amigos que iniciaron un romance al fragor del activismo político, hoy son parejas muy felices. ¿Quién de adolecente no tuvo un amor platónico y luego de años la vuelven a ver y sienten que el corazón se les acelera, como ocurre en el relato “Contacto en Roma”? Una persona me hizo saber que se sentía identificado con el relato “Aconcagua”, porque su madre hacía lo mismo cuando era niño; “Tu nacimiento” es otro relato con el que recreo, de algún modo, el nacimiento de una de mis hijas. Muchos deben sentirse identificados por la felicidad que ello significa, de modo que siempre habrá lectores que se identifiquen con los relatos.

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