Historias Guaranguillanas
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El nombre de Teófilo Gutiérrez es muy conocido en el ambiente literario peruano como el director fundador de Hipocampo Editores, con más de un centenar de publicaciones de diversos autores, entre poesía (género predominante en su catálogo), narrativa y ensayos. Esa intensa labor editorial, sin embargo, ha mantenido en las sombras su indiscutible talento narrativo.

La reedición de sus dos libros de cuentos, Tiempos de Colambo (1995) y Colina Cruz (2011), es una buena oportunidad para redescubrir su breve pero valiosa obra.

Leídos en conjunto, los relatos de ambos libros pertenecen al mismo universo narrativo: el ámbito rural de Jaén; poblados que aún preservan el contacto con la naturaleza, así como una visión mágico religiosa –a veces supersticiosa y retardataria–, que constantemente es interpelada por el narrador (o personajes narradores) desde el sarcasmo o la implacable ironía (como las desmitificadoras “Un brujo, un colambo y una piedra muy rara”, en el primer volumen, y “Jazmines en el mes del Señor”, o la truculenta “Asunto lunar”, del segundo).

Si bien en Tiempos de Colambo casi no hay referencias directas a la toponimia, varios personajes reaparecen en los relatos de Colina Cruz, ambientado específicamente en Guaranguilla (o San Francisco), en la mencionada provincia cajamarquina.

Aunque la mayoría de cuentos parecieran transcurrir fuera de un marco histórico determinado, algunos de ellos sí registran la etapa última de violencia en el Perú, como en el caso de “Noche de perro” y “Colina Cruz”; este último ofrece otra mirada sobre la heroicidad en una incursión de ronderos, o cómo la memoria puede ser tergiversada por el temor, a veces cómplice con la impunidad. Por su parte, en “Pequeñas cosas”, a partir de un inocente juego entre niños en la habitación de un tío militar difunto, se devela la faz siniestra y los claroscuros de la guerra.

Como si siguieran el refrán popular “pueblo chico, infierno grande”, otras historias están entretejidas a partir del rumor maledicente y los prejuicios, como los estupendos relatos “La carta” y “Cosa de hombres” (Tiempos de Colambo) y “La mujer de Antonio Claros” (Colina Cruz).

En los cuentos de Teófilo Gutiérrez hay ecos de Rulfo, pero también se percibe la presencia de la tradición oral (de hecho, incluye una versión literaria de un relato oral del nororiente peruano, “Diablo en el arroyuelo”, así como dos monólogos de un personaje femenino, Eunice).

Relatos breves, prosa con giros poéticos, pero sobre todo narraciones con tramas eficaces que develan, sin tapujos, las veleidades e infamias humanas.

Texto: ARTURO DELGADO GALIMBERTI

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