Iván Oñate: «Escribo cuentos para descansar de mi propio yo»
Iván Oñate
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POR SIXTO SARMIENTO

¿En la feria del libro, se conversará sobre tu libro de cuentos El hacha enterrada. He comprobado que tu libro ha merecido varias traducciones, alguno de sus cuentos han sido llevados al cine y otros han aparecido en publicaciones de importancia mundial como la revista Alfred Hitchcock Mistery Magazine, ¿me podrías hablar de eso?

Desde sus inicios el libro me brindó grandes satisfacciones. La primera publicación fue una coedición entre la editorial Oveja Negra de Colombia y la editorial El Conejo de Quito. Fueron 10,000 ejemplares que se agotaron en un mes y sucedieron algunas ediciones continuas. También he tenido la fortuna de que mis cuentos han sido traducidos a otros idiomas como el inglés, el alemán. Fabienne Prat de la Sorbona de París lo tradujo al francés. Asimismo varios cuentos han aparecido en antologías junto a grandes escritores como Benedetti, Monterroso, Vila Matas, Volpi, como ocurrió con la antología Pasión de Papel de la editorial Páginas de espuma de España. También consto en una famosa antología francesa denominada Toreo de salón.

¿Cómo un poeta se transformó en cuentista?

Se dice (irónicamente, claro) que un novelista es un poeta que quiere hacerse rico. No es el caso de un cuentista. Se queda a mitad de camino, no se hace rico, pero se lo lee más que a un poeta. Antes de la era digital, prácticamente era imposible publicar poesía. Las editoriales solo te abrían puertas para la prosa. De algún modo, El hacha enterrada me abrió camino en países como México y Colombia. Actualmente un joven cineasta radicado en Los Ángeles, California, cuyo nombre es Antón Fresco, está trabajando en los guiones y en la producción del libro nada menos que para Netflix.

Sostienes que la poesía elige al poeta. ¿Ocurre lo mismo con el cuento?

Como en el amor, la poesía es quien elige. Ella determina el cómo, dónde y cuándo ha de instaurar su milagro. Pensar que alguien puede convertirse en poeta a voluntad de empeño y disciplina, equivale a pensar que alguien experimentará el milagro del amor a fuerza de hacer gimnasia.

En el cuento, al contrario, se debe advertir la magia del artificio. Se debe observar que hay oficio, experiencia. En la poesía, no. El poeta nace y muere en cada poema. El poeta no puede ni debe tener oficio. Que un poeta tenga oficio, equivaldría a decir que “es un enamorado de oficio”. Sospecho que cualquier amada saldría huyendo del impostor con oficio. Reafirmo, un poeta con oficio es tan ridículo y triste como un enamorado con oficio.

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