La épica de  Harold Alva
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Quince años de escritura poética convergen en los segmentos cimeros de los poemarios que componen La épica del desastre. Dichos poemarios son: Libro de tierra (2000), Sotto voce (2003), Sonido de la sangre (2006), Post Morten (2008), Los extraños (2009), Lima (2012), Ciudad desierta (2015) y algunos inéditos de Cuadernos de maratón (2015).

Impresiona la intensidad de la voz que habla desde los textos seleccionados de Libro de tierra. Se trata de poemas donde prima las reflexiones, evocaciones y estampas varias en torno a la vida en Cañaveral. La poderosa voz poética le habla al silencio, a las montañas o tal vez a sí mismo, cargada tal resonancia e intensidad que pareciera dirigirse al mundo entero. Es como si dijera a voces, frente a la naturaleza: Yo soy, humanidad, el que da testimonio de mi existencia. Y en ese testimonio nos encontramos con versos como éstos: “he roto / el aullido de la bestia / por un email / hambriento de universo…” traductores evidentes de su condición inicial en la naturaleza y su situación actual en la turbulencia de la existencia. Y casi cerrando esa sección confiesa: “Los años sólo fueron / la cola / del alacrán / sujeta como liendre en mi cabeza…” Prefiguraciones de lo que vendría más adelante en su confrontación con la vida.

¿Qué más se le puede pedir a alguien que ingresa a la fiesta pateando la puerta para sentarse en medio del clamor y hablarnos de los silencios de su aldea con la contundencia de esa voz?

La siguiente etapa es «Sotto voce» del 2002, y curiosamente aquí el hablante ha reducido su campo de resonancia. El yo le habla a una persona muy cercana, a un tú que cohabita con él. El hablante se presenta como “Un leopardo / que goza / cuando lame tu espalda…” Pero extrañamente es como si la voz se volviera redundante al entonar las variaciones del amor/desamor en torno al que gira su materia verbal. “El sonido de la sangre” es del 2006. Y aquí estamos ante la misma actitud de hablar con el otro / con la otra, que en este caso ya no es la piel ajena. Es la piel del cuerpo femenino y la piel urbana: Lima. Ocho piezas integran esta sección donde vuelve a emerger el tono de su primer conjunto, aquel de la exaltación o engrandecimiento de un pueblo, en este caso el país en el que le ha tocado vivir. Voz de rapsoda que incorpora elementos de descripción y diálogo. Hay momentos cimeros en esta sección; me refiero en especial a Lima, y cómo no Pregunto a los pájaros por mi país, y el deslindante poema titulado Casa. De este último es el verso: “Ya nadie nos asusta en nuestra casa” que es en realidad una reflexión poemática sobre los conceptos de hogar y país, Yo y Tú, lo público y lo privado, que aquí, con la felicidad,  terminan fusionándose.

En el 2008 apareció “Post Morten” y en su oscura sonoridad perviven Lima y el cuerpo amado / el cuerpo no amado al que la voz del hablante persiste en denominar “amor”. Por esa vía llegamos a los poemas de “Lima”, al callejeo por las entrañas de ese monstruo terrible y capaz de convertir a la voz del “Libro de tierra” en un atado de nervios. Y de conducir a esa voz, al ser que habla, a un estado de catalepsia. Pero en esa aventura Harold Alva ha encontrado lo que conciente o inconscientemente venía buscando. Ahí es donde mejor plasma esa fusión de conceptos sociales y sicológicos que señalamos más arriba: la aspiración mayor de este poeta.

Ese anhelo es su originalidad.

«Un grito o un susurro colectivo que nos devuelve a los más íntimo de lo otro» había observado Héctor Hernández Montecinos tras la lectura de “Post morten”. Un grito colectivo, agregaría, pasado por la voz poemática que termina engendrando esta poesía.

A lo largo de la Épica del desastre se pueden visualizar paisajes, hombres, flora y fauna, identidades, pasiones. Y todos nos son presentados desde esa voz, desde ese hipotálamo. Y desde ahí, trascendiéndolo, toca las fibras íntimas de su sociedad, y mete el dedo en la llaga.

¿Llega a ser un diagnóstico? No es su propósito, pero en todo caso ahí está, latente, como un desafío.

Miembro de Hora Zero

Jorge Nájar es miembro del Movimiento Hora Zero. En 1984 ganó el Copé de Oro y el 2001 el Juan Rulfo de Poesía convocado por Radio Francia Internacional. El Fondo Editorial de la Universidad Federico Villarreal publicó el 2013 su Poesía Reunida. Es Doctor Honoris Causa por la Universidad Nacional de Ucayali. Reside en París.

Los traumas engendrados por la intrahistoria de la sociedad

Harold Alva, poeta, nos habla, nos grita, nos susurra no solo sobre los martirios del «yo» sino de «lo otro». Y ese otro en este caso está constituido por los traumas engendrados por la intrahistoria de la sociedad en la que le tocó llegar a la existencia.

Escribe: Jorge Nájar