La poesía de Miguel Ángel Zapata
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He tenido el privilegio de editar tres libros de Miguel Ángel Zapata (MAZ): “El cielo que me escribe” (2005), “Lumbre de la letra” (2010) e “Imágenes los juegos” (2013), este último en la colección homónima del FIP Primavera Poética.

Contextualicemos:

MAZ publicó por primera vez en Madrid en 1984, en una época cuando, en Perú, se consolidó la propuesta de Kloaca como cierre del ciclo que empezó con Hora Zero. Así fue hasta la irrupción de las poéticas del cuerpo que voces femeninas hegemonizaron hasta inicios de la década del noventa cuando el nuevo discurso acopió la violencia urbana como marco referencial para traducir ese momento donde los paradigmas se desvanecieron.

De los ochenta quedaron los libros de Róger Santiváñez, Eduardo Chirinos, Renato Sandoval, Carlos López Degregori, Domingo de Ramos y Rosella Di Paolo.

Pienso que por eso MAZ decidió ir a contracorriente y apostó por el riesgo de una propuesta que coincidía con un momento en el que en otras partes de América otros poetas desarrollaron más allá de sus márgenes.

Posteriormente publicó, en México, “Periplos del abandonado” (1987) y es recién en 1987 cuando Javier Sologuren le publicó por primera vez en Lima: “Imágenes los juegos”. Un poemario con el que demostró que no solo había asimilado las propuestas de su época sino que presentó a un poeta arriesgado y seguro de su poesía, una poesía que respondía a un canon que estaba más allá del nuestro, una estética que con “Hoy día es otro mundo” (Valparaíso, Granada), nos pone de nuevo frente a ese poeta al que la coincidencia quiso que sea España quien nos entregue uno de sus últimos libros.

MAZ ha escrito su propia bitácora.

Su literatura es un consolidado de viajes, el registro de su memoria, las viñetas de una celebración a la que asiste, comprometiéndonos. MAZ sabe cómo traducir el poema porque lo ha capturado con la pericia de quien ha procesado los recursos idiomáticos. De allí que a veces sentimos a un lírico ‘road movie’ que nos estremece porque nos alcanza con la fugacidad del instante.

Pienso en una ventana en medio de la calle y esa ventana es de MAZ, pienso en el puente de Brooklyn y ese puente es de MAZ, pienso en el cuervo anacoreta y los cuervos son de MAZ. Miguel Ángel tiene un estilo que hemos aprendido a reconocer. “Los muslos sobre la grama” y la victoria de su registro sobre la muerte, “Un pino me habla de la lluvia” y la certeza de sentirnos en ese constructo sobre el que aprendimos a identificar el resplandor, la puerta, su gato Gauguin, al gorrión que canta en la casa de los once patios, los apuntes de su loro que no conoce tristeza.

Un propuesta peculiar

Su poesía, técnicamente, va del poema en verso libre hacia la prosa poética. Estamos frente a un poeta que superó lo que configuraron los poetas del 70 y del 80.

MAZ reconfiguró las propuestas estéticas de aquel entonces y se incorporó a una generación (latinoamericana) que tiene entre sus principales exponentes a Iván Oñate (Ecuador), Néstor Perlongher (Argentina), Juan Cameron (Chile), Eduardo Espina (Uruguay) y Marco Antonio Campos (México).

Ese es el contexto de su aporte escritural, esa la dimensión que le permite ser considerado como una voz que no debemos pasar por alto y a la que hay que retornar para saber cuáles son las coordenadas de lo que hoy se está escribiendo en nuestra América mestiza.

Último libro

Miguel Ángel Zapata ha publicado 20 libros de poesía. El último: “Uno scrive poesia camminando” (Giuliano Ladolfi Editore, Italia), poemario traducido por Emilio Coco.

Escribe: Harold Alva