Leydy Loayza: Los muertos siempre hablan, sobre todo después de muertos

Emocionante de principio a fin, con escenas pulcramente descritas, donde la imaginación es solo un pretexto para recrear la cruda realidad.

Por Sixto Sarmiento

Tu novela refleja al país, ¿cierto?

Y a la vez a muchos países en uno solo. El Perú es un conglomerado de naciones que aún con todos los avances tecnológicos y el emprendimiento no ha podido emanciparse de sus diferencias, de sus brechas sociales, del enemigo indeseable de la corrupción. Entonces el escenario donde desarrollo mis ficciones tiene mucha esencia real, sumado a los viajes que he podido hacer entre México y La Habana que tuvieron una conexión con la primera novela y cuyos personajes todavía me persiguen. La trilogía refleja los conflictos internos de una sociedad que cada vez se fragmenta, como de la concepción moral de las personas y sus entuertos.

Este país está lleno de Perleches, ¿verdad?

Después los muertos es una novela negra cuyos personajes han nacido de una imagen real. De hecho cualquier parecido con la realidad no es pura casualidad. La política se ha convertido en una suerte de aprovechadores y rufianes que llegan al poder solo para satisfacerse. Salvo honrosas excepciones que lamentablemente no ganan o les cuesta mucho ganar, por falta de dinero frente a toda la maquinaria orquestada en los negociados de las megas obras y la corrupción de los movimientos regionales y partidos políticos. Perleche es un personaje de carne y hueso que tuvo además más de 80 procesos con la justicia y por el que tuve que renunciar a un canal de televisión que prefirió guardar silencio. Claro que en la novela podemos repotenciar las historias cuya base radica en una realidad flagrante y sangrante para nuestra sociedad.

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Pero también de Almas Gonzales o de Lolas, ¿es así?

Como está el periodismo en nuestro país, es difícil encontrar Almas Gonzales en señal abierta. Sin embargo, cada vez son más los medios alternativos que brindan la posibilidad de hacer periodismo de investigación. La relación entre esta periodista y Lola, surge de esa búsqueda de mujeres que se empoderan y deciden con claridad el rumbo que quieren tomar, sin pedir permiso ni agachar la cabeza ante nadie.

La corrupción no es un tema solo para las novelas, ¿verdad?

Es parte de nuestra vida, de una cotidianidad que se gesta desde que somos niños, pero que ni en el currículo educativo ni en la formación ni en las entidades se advierte ni se incluye, y debería hacerse, como parte de una política pública que aleje las malas prácticas. Convertirnos en un estado vigilante. Para que la frase que robe pero que haga obras no se repita nunca más.

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