Magíster Atilio Bonilla Carlos, el cultor de cine en San Marcos

Un veterano profesional que durante 56 años y medio sigue cautivando a los amantes del séptimo arte en la UNMSM.


La decana de América acaba de cumplir 473 años de fundación, y sus viejos muros han sido testigos silenciosos durante los últimos cuatro siglos de los acontecimientos más importantes de nuestro país y de esta parte del continente. Es innegable que la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM) es cuna de mentes brillantes en todas las áreas de estudio, y esa constante se debe gracias al esforzado trabajo de sus maestros, quienes han sabido legar sus conocimientos en el proceso de formación humana y científica de las últimas generaciones de alumnos.

Uno de esos personajes, que a base de constancia y esfuerzo lleva sorprendentemente 56 años y medio en las aulas de San Marcos, primero en la facultad de Educación y luego en Letras, es el reconocido Atilio Bonilla Carlos (1937), quien a pesar de los años goza del privilegio de presumir una mente lúcida que sigue ilustrando a las nuevas generaciones con verdaderos clásicos del cine mundial, desde cuando no existían registros sonoros en el séptimo arte y el color era simplemente una utopía.

Su figura delgada y erguida, de paso lento, siempre con una prenda de cabeza que lo distinga, lo muestra como un ser humano excepcional que presume de una amabilidad aprendida en el ‘Perú profundo’ que describió Jorge Basadre. La sonrisa amigable de este estudioso del cine ha logrado que alumnos de varias generaciones le tengan respeto, y un cariño especial.

A pesar del tiempo, nunca olvida su natal Huancayo, ciudad incontrastable de la que partió muy joven a la capital para estudiar en el colegio militar Leoncio Prado. Cuenta que tenía como objetivo ser militar, pero se desencantó rápidamente tras su paso por las aulas en las que también desfiló el autor de “La ciudad y los perros’, nuestro Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa.

Por ello, redefinió su futuro y como era disciplinado y gustaba de las matemáticas, se decidió por estudiar ingeniería civil en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), allá por la década del 60, confiesa que en ese entones, al igual que muchos jóvenes se dejó seducir por las nuevas izquierdas.

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Sin embargo, sus padres fallecieron en un trágico accidente en el río Mantaro, quedando prácticamente al desamparo, por lo que además de estudiar también debió pensar en trabajar para autosostenerse. En esas disyuntivas por redefinir su futuro, recuerda que también tenía predilección por el derecho, la literatura y la música clásica, pero nunca se vio como abogado porque sabía que no tenía el carácter para pelear y litigar, así que llegó a la facultad de Educación de San Marcos, pensó que ahí podía compartir el trabajo con el estudio.

En la facultad de Educación había un gimnasio, donde Atilio comenzó a practicar el físico culturismo, confiesa que por eso mantiene una vida saludable hasta ahora, porque es amante de esa disciplina.

También fue un férreo dirigente estudiantil. De esa época recuerda con cariño a Iván Rodríguez Chávez, extinto rector de la Universidad Ricardo Palma, con quien experimentó largas y tediosas jornadas reivindicativas.

Cine club

Sin embargo, como era dirigente estudiantil, en esa época comenzó a formar los clubes por especialidades, lo cual era una necesidad para que los jóvenes orienten sus aficiones. En ese momento se inicia el cine club de San Marcos, en la facultad de Educación, lo cual tuvo un impacto fuerte.

En el año 65, comenzó a hacer presentaciones, Bonilla aún era estudiante, pero la universidad se vio obligada a contratarlo, porque en los programas de extensión universitaria no tenían un área de cine, entonces la universidad lo contrató como trabajador administrativo de ese nuevo proyecto, porque había demanda y necesidad de los estudiantes por disfrutar de funciones y participar en este Cine Club. Más adelante llegó el Cine Arte San Marcos.

Como trabajador administrativo se mantuvo 23 años, dirigiendo el Cine Club, empero, al formarse la escuela de comunicación social, se le permitió a este reconocido profesor ser parte de la plana docente de esta nueva escuela, en la que permaneció 32 años, hasta que se normó de acuerdo a ley que los profesores que superen los 70 años deberían dejar de dictar en las aulas universitarias.

Luego de cinco años alejado, y al comprobar la plenitud de sus facultades, en el 2023 reingresó a la Decana de América y ya lleva año y medio, nuevamente dictando cursos en los clásicos auditorios de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas.

Es fácil encontrarlo los martes y los viernes en el tercer piso, lugar al que llega siempre con una envidiable puntualidad, manteniendo una vida ordenada, con proyectos a corto plazo; como emprender un ciclo de cine que aporte a la universidad y a la sociedad.

Sin duda, Atilio Bonilla se siente feliz, tiene dos hijos profesionales, pero aún sigue disfrutando de hacer lo que lo apasiona, hablar de cine y legar sus conocimientos a las nuevas generaciones. Evidentemente, goza del reconocimiento de los sanmarquinos que agradecen su constancia y dedicación y él merece con todo derecho esa distinción.

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