Manuel Guerra Velásquez: «Recreación de lo real es fundamental para la literatura»

Un libro de cuentos como un diccionario de la propia vida, que evidencia la preocupación por la condición humana.

Por Sixto Sarmiento

Nos sorprendes con este libro de cuentos, ¿el nombre responde a una razón especial?

Fatum es el título de uno de los relatos del libro, referido al destino sorprendente del personaje, que luego de un recorrido por los más diversos oficios, finalmente encuentra su vocación como entrenador de moribundos, al que se entrega con pasión y eficacia. Creí conveniente ponerle el mismo título al libro, porque, no obstante que los relatos son muy disímiles unos de otros, creo que están hilvanados por la reflexión sobre el destino y la condición humana.

Fatum ¿es un destino o una fatalidad?

Es sabido que los estoicos postulaban que todo ocurre según el destino, el fatum, previamente marcado por alguna divinidad o fuerza superior. Desde este punto de vista es una fatalidad. Pienso que los seres humanos nacen en un determinado contexto familiar, social, económico y cultural que de uno u otro modo condiciona su existencia; pero va a depender de cada uno, marcar el rumbo que seguirán sus pasos, teniendo en cuenta, además, que el individuo se realiza plenamente como parte de lo colectivo, es decir como integrante del ser social.

¿Qué pretendes al describir los rostros del hombre en sus diversas facetas?

Para mí es fascinante crear o recrear personajes que enfrentan determinados problemas o situaciones y asumen comportamientos inesperados, que rompen con la lógica, la rutina o las formas que determinan el sentido común. En varios cuentos dejo las cosas ambiguas para hacer participar al lector en los posibles desenlaces de las tramas; en otros hay transiciones de la realidad real hacia la realidad ficcional; en otros apelo al mundo interior y onírico de los personajes.

El Perú es complejo y rico para seguir escribiendo muchos cuentos, ¿es suficiente la descripción?

Para suerte de los escritores, nuestro país es una fuente inagotable de la materia prima con la que se construyen las historias, no solo por la diversidad y riqueza cultural, sino también por las cosas extraordinarias que ocurren en la cotidianidad. Por ejemplo, que te levantes una mañana y te encuentres con la historia del zorrito run-run, caso a partir del cual se podría escribir literatura infantil, una trama ecológica y hasta una novela sobre el tráfico ilegal de animales. Es evidente que en la literatura no es suficiente la descripción de la realidad, porque, como dijo nuestro querido maestro Oswaldo Reynoso, entonces se trataría de un ensayo. La imaginación, la recreación de la realidad es fundamental para la literatura.

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