Mario Pozo Paz: «No hay crimen perfecto, sino mal investigado»
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Hace una semana nos había dejado Carlos Ney Barrionuevo y aún no empezaba a procesar la idea de la partida de mi colega de mil travesuras en las páginas policiales de nuestro diario Expreso cuando ayer, muy temprano, una acongojada voz en mi celular me informaba que Mario Pozo Paz (88), otro infatigable colega de la tinta roja, acababa de darle el alcance a don Carlos.

¿Cómo escribir de un segundo amigo que se va, de alguien a quien no se le pudo decir, al menos, un hasta pronto?

En las redes sociales, el periodista Andrés Zúñiga recordó dos casos que siempre fueron discutidos por Pozo: “Marito fue precisamente uno de los periodistas que siempre cuestionó el juicio y fusilamiento del llamado ‘monstruo de Armendáriz`’ y, años después, el ahorcamiento de Miguel Ángel Díaz Balbín, presunto descuartizador, en manos del bachiller en psicología Mario Poggi, en las mismas instalaciones de la entonces División de Homicidios”.

«No hay crimen perfecto, sino mal investigado», decía Pozo.

Un legendario colega, Héctor Perona, también escribió unas líneas en el Facebook: “tenaz reportero policial de las décadas 70 y 80 del siglo pasado. Sus coordinaciones de casos periodísticos las hacía también con José Vegas Carmen, Rodolfo Díaz Torres y Hugo Borjas Bustamante. Vegas es el único sobreviviente de este grupo”.

A principios de la semana, el Círculo de Periodistas Policiales de Lima me había encargado el honor de entregarte, a ti querido Marito, una invitación para rendirte hoy homenaje a tu intachable labor como cronista “policiaco” en la sede de la Dirección de Investigación Criminal (Dirincri).

En el trayecto a tu casa en Lima Norte recordé tus primeros pasos en el sendero del periodismo tras dejar la otrora Policía de Investigaciones del Perú (PIP). Te transformaste, tras ingresar al diario La Crónica y luego a La Tercera, en un tenaz reportero, un “pericotero” que nos sacaba la vuelta por sus frescas fuentes de información en la policía.

Nunca dejaste esta profesión. Y tanto fue tu amor que conseguiste sacar un pequeño semanario, «Tras la Lupa», donde reseñabas viejas investigaciones para regocijo de las nuevas camadas de reporteros que recorrían los pasillos de la Dirincri.

En tu casa nadie respondió a mis insistentes golpes a tu puerta. Sabía de tus malestares y constantes ingresos al hospital Rebagliati, pero no imaginé que estabas perdiendo tu última batalla.

Piurano de corazón y venas, lector compulsivo y amante de un buen cebiche de caballa, Mario Pozo deja hijos y nietos.

Los restos de Mario Pozo son velados en el Fondo de Apoyo Funerario de la PNP, en la cuadra 29 de la Av. Brasil. Desde allí será trasladado al cementerio Santa Rosa en Chorrillos a las 10:00 a.m.

Guardaré tu invitación.

Buen viaje, querido Mario.

JOSÉ VEGAS CARMEN