Patricia Stambuk: Nos falta más vida cultural compartida

Sus libros son leídos en todo el mundo y llega a suelo peruano para compartirnos su sapiencia sobre el legado de la cultura ancestral.

Por Sixto Sarmiento

Su visita ya despierta mucha expectativa en el medio cultural. ¡Bienvenida al Perú!

Muchas gracias, Sixto. Visité Arequipa hace tantos años que en esta ocasión será un redescubrimiento, sobre todo, de su patrimonio arquitectónico.

Usted es quien más nos puede compartir el legado de la cultura Yagán, ¿verdad?

Creo ser una de las personas que hoy está más cerca de la comunidad yagana, sin pertenecer a ella. No solo por los libros que he escrito, sino por la sincera y sensible amistad que he tenido con los últimos ancianos que vivieron con los rasgos propios de su nomadismo. Y también por mis actuales vínculos con la generación actual, que quiere conservar su cultura, su identidad fueguina. Es un pueblo sorprendente que pudo sobrevivir en desnudez y con lo que llamaríamos desde nuestro punto de vista una precariedad de medios, en uno de los mares y climas más duros del planeta. Hasta que llegó la colonización. De unas 3 mil personas se redujeron a menos de un centenar a principios del siglo XIX. Hoy se considera yaganes a 140 personas, que habitan en Punta Arenas, Talcahuano, Santiago y mayoritariamente en Puerto Williams, Tierra del Fuego chilena, según datos de la propia comunidad.

¿Cuánto se ha avanzado en el entendimiento de la cultura Yagán y Rapanui?

Ha sido un avance lento de comprensión de sus historias, de sus identidades. Chile tiene pueblos antiguos de norte a sur, pero escasa cultura indígena, aunque es un país mestizo por esencia. Ha sido laborioso combatir el racismo, debido a la ignorancia de los orígenes de un pueblo como el nuestro, que fue conquistado por hombres. Sin duda hay sangre nativa en un muy alto porcentaje de la población.

Los rapanui, como polinésicos, son una cultura muy llamativa para el chileno continental, y su historia y cultura está a la vista con sus centenares de moai repartidos por sus costas, uno de los mayores museos de sitio en el mundo. Los yaganes han sido un pueblo canoero lejano y poco conocido, tal vez el más desconocido de los 4 pueblos australes. Por eso caló tan hondo el relato de mi libro Rosa Yagán, en el que ella relata su historia y la de su pueblo en primera persona. Para gran tristeza, acaba de fallecer en febrero de este año la última hablante en propiedad del idioma más austral de la Tierra, mi querida amiga-madre Cristina Calderón. Se pierde una lengua más en el planeta, como todo lo que eso significa. Este año reeditaremos un libro con sus memorias.

Un libro icónico es Rosa Yagán donde afirma que es una etnia con una sabiduría admirable, ¿cierto?

Para responder, comparo los grandes monumentos de los pueblos originarios de Perú y la austera vida material de los pueblos australes. Los yaganes apenas tenían sus frágiles rucas, sus canoas y canastos, más algunas herramientas de pesca. Su riqueza era espiritual: ritos muy elaborados, interpretación del universo, de su creación, y una rica mitología. Felizmente, hay una sólida memoria de todo ese patrimonio inmaterial.

Conocer a Rosa Yagán fue un privilegio que no tiene cualquiera. Con ella entré de lleno a una dimensión completamente distinta de la vida y plasmé un relato potente, en primera persona, que fue y sigue siendo clave en la historiografía chilena. El libro generó un gran impacto, nadie imaginaba que una habitante de la raza más austral del planeta pudiera tener una visión crítica tan profunda y expresada con tanta sencillez y sabiduría. Es un libro del pasado, del presente y del futuro. Será leído por muchos años más.

Escribió también sobre la Isla de Pascua, que le ameritó un premio. ¿Dedica su obra literaria a las regiones y a las culturas originarias?

Ese es quizás mi sello, pero también soy autora de otros cinco libros de temas diferentes, uno de ellos es la primera biografía sobre Violeta Parra; pero claro, son cuatro libros étnicos muy únicos, testimoniales, que sin duda aportan a la memoria contemporánea de estos pueblos. Los lee el público adulto y también los escolares de las comunidades rapanui y yagán que reciben con ellos las voces de sus abuelos.

Otra artista de su trabajo literario lo dedica a los inmigrantes, ¿es una excepción?

Soy hija de un inmigrante croata que llegó a los 16 años a Magallanes desde Dalmacia, ese origen paterno condiciona el interés por la migración interna o externa. Yo provengo de la Patagonia, otros vendrán desde el mundo campesino a las ciudades. Hay pérdidas y ganancias. La migración es un fenómeno sin tiempo. ¿Cómo se pobló la Patagonia?

También tengo la ligera impresión que sus obras está centrada en las mujeres, ¿me equivoco?

Sin proponérmelo, fui recogiendo en mis libros las historias de vida de Violeta Parra, Rosa Yagán, Úrsula y Cristina Calderón o tantas mujeres rapanui. Y lo que viene también tendrá a mujeres como protagonistas.

Finalmente, compártanos un mensaje para los peruanos.

Cuando conocí Perú y Bolivia, hace muchos años, me sentí en el corazón de nuestra América antigua y aquilaté las propias pérdidas en mi país. Somos vecinos con Perú y creo que nos falta más vida cultural compartida. Una buena aproximación será en marzo de 2023, con el congreso de las Asociaciones de la Lengua Española, ASALE, en Arequipa. Allí espero estar.

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