Rodolfo Hinostroza: el poeta y el poder
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Este año no ha sido grato con los escritores peruanos. A las pérdidas de Oswaldo Reynoso y Miguel Gutiérrez, hace pocos días se sumó la de Rodolfo Hinostroza.

Junto con Antonio Cisneros, a Hinostroza se le suele reconocer haber renovado la poesía en los años sesenta, al incorporar la tradición anglosajona (y, como ha anotado Camilo Fernández Cozman, también la francesa). González Vigil llegó a equiparar su registro poético con el de Vallejo y el de Eielson, al compartir con ambos el legado clásico y la “tradición de la ruptura” señalada por Octavio Paz.

Si bien no toda su obra ha contado con la misma recepción de la crítica, no hay duda de que sus dos primeros poemarios, “Consejero del Lobo” (1964) y “Contra Natura” (1971), son esenciales y ya canónicos en la literatura peruana.

Ambos libros no serían comprensibles si se omitiera el contexto en el que fueron escritos: la guerra fría y la crisis de los misiles en 1963 en el plano internacional, la muerte de Heraud en una intentona guerrillera en el Perú.

En “Consejero del Lobo” se puede apreciar una crítica a la Idea como símbolo de la lucha por el poder, lo cual genera en el yo poético un distanciamiento que se expresa como un sentimiento de culpa. La Idea (es decir, la utopía y las guerras que se llevan a cabo en su nombre) es vista como impulsora de catástrofes.

El poeta y su palabra, en cambio, carecen de real efecto, de poder. “No conoceré los designios, ni la furia vengativa/De los hermosos gibones. No tendré profundos/ pensamientos/ En autobuses destartalados…// Nunca he conocido el poder de la palabra” (“Los bajos fondos”).

En otro poema, “Réquiem para Anakairo de Hiroshima”, se traza y se sintetiza la crítica a las estructuras del poder enraizadas en la civilización. Tanto en la trágica imagen del bombardeo de Hiroshima como en el porvenir de Japón, no descritos en el poema sino solo insinuados en el destino de Anakario, se vislumbra la hecatombe que supone la historia del poder en las civilizaciones.

En la misma línea del discurso contra el poder y los metarrelatos (en especial, el marxista) está “Contra Natura”.

“Oh, César, oh demiurgo,/ tú que vives inmerso en el Poder, deja/ que yo viva inmerso en la palabra”, se lee en el poema “Imitación de Propercio”.

La historia para el poeta aparece como una sucesión catastrófica de equivocaciones.

El correlato práctico de esta visión está en las posturas de Rodolfo Hinostroza ante sus entonces compañeros de ruta que apoyaron la revolución cubana y las guerrillas en los años sesenta, como el caso de Javier Heraud.

Tras este ‘parteaguas’, los intereses de Hinostroza no se restringieron a la literatura, sino se extendieron hacia disciplinas poco académicas como la astrología y la gastronomía. Siempre se mantuvo lejos del compromiso político, coherente en su credo antirromántico, inmaculado.

Porque quizá a nadie como a él le calzarían estos versos que escribió: “¡Poeta! ¡Y puro/ como un cinismo de primera agua”.

EL DATO / OBRA

Entre su obra, también se cuenta el poemario “Memorial de Casa Grande” (2005), las novelas “Aprendizaje de la limpieza” (1979) y “Fata Morgana” (1997) y el libro de crónicas sobre 21 poetas, “Pararrayos de dios” (2006).

Por: ARTURO DELGADO GALIMBERTI