Roger Santiváñez: «Quisiera lanzar un mensaje de poesía para las nuevas generaciones»
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Por Arturo Delgado Galamberti

¿Cuál es tu visión retrospectiva del aporte del movimiento poético Kloaka?

Kloaka quiso ser una especie de canto frente a esa situación de decadencia total, de derrumbe, de destrucción, que veíamos en todos los lados en la sociedad peruana, por eso la tipificábamos como una sociedad podrida, una sociedad ‘kloaka’, con la ‘k’ para entroncarnos con ese movimiento de vanguardia y con ese símbolo anarquista que nos impulsaba, porque estábamos decepcionados de la izquierda tradicional.

Planteábamos que había que cambiar toda esa situación e intentar una sociedad nueva, una sociedad de felicidad, el sueño utópico del anarquismo. Y de todo eso supongo que han quedado las obras de los poetas que estuvieron involucrados en el movimiento Kloaka. Ese canto que intentamos levantar tal vez sea el legado de Kloaka para las nuevas generaciones.

En el libro publicas una ponencia ‘Del movimiento Kloaka a la nueva poesía’, donde narras tu evolución como poeta, desde una poesía conversacional, tu descubrimiento de Pound y la poesía neobarroca, y libros como ‘Symbol’. Cuéntame sobre tu evolución poética.

Cuando yo empecé a escribir poesía a fines de los setenta, imperaba la poesía conversacional en toda América Latina, y me interesa eso justamente por la famosa frase de Pound, “Poetry is speech”, o sea poesía es habla, hacer una poesía con el habla cotidiana, y en el Perú había una tradición buenísima, estaba por ejemplo Lucho Hernández. En el famoso poema a Pound (‘Ezra Pound: cenizas y silicio’) justamente dice: “Ezra: sé que si llegaras a mi barrio/ los muchachos dirían en la esquina:/ qué tal viejo, che’ su madre”.

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O sea, cómo puedes poner una palabra procaz y cómo fluye en el segmento poético. Todas esas cosas me fascinaban, estuve mucho tiempo investigando, pensando en que el lenguaje más coloquial estaba en las esquinas de los barrios, en la jerga de los muchachos, incluso de los delincuentes, y conocí el lenguaje del lumpen directamente.

Así salió mi libro Symbol, buscaba una especie de extremismo en el coloquialismo, y me llevó en un viraje de ciento ochenta grados a una especie de nuevo lenguaje, el lenguaje se autoiluminaba, ya no era un conversacionalismo típico, y allí cogí un camino con el trabajo con el lenguaje más estrictamente que me llevó a unas playas neobarrocas, cuando descubro este movimiento latinoamericano surgido a fines de los años noventa, a través de una antología que hizo José Kozer con Roberto Echevarren denominada Medusario. Asumí las derivaciones del neobarroco, a través de una poesía que podríamos llamar poesía del lenguaje; ya no tiene nada que ver con la poesía conversacional.

Pero aún dentro de lo que Octavio Paz llamó la tradición de la ruptura…

Claro, sí, porque Octavio Paz plantea que la ruptura es un corsi e ricorsi permanente que hay en las literaturas del mundo, y si nos atenemos a las búsquedas experimentales que siempre están apareciendo en la literatura, en los distintos países, en las distintas lenguas, pues sí, es importante mantener la idea de Octavio Paz como algo vivo, y que nos ayuda a continuar y estar en permanente experimentación con el lenguaje, que nos hace sentirnos vivos y nos permite también existir como autores, como creadores.

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