Se inicia exposición «Picasso, el extranjero»

Abre al público en el Museo de la Historia de la Inmigración con la investigación de Annie Cohen-Solal.

Durante los últimos treinta años de su vida, Francia lo trató como a un genio y un mito patrio, pero hasta 1944 Picasso fue una víctima de la maquinaria del Estado, acosado por la policía y rechazado por la Administración, como revela ahora una exposición en París.

“Picasso, el extranjero”, que abre hoy al público en el Museo de la Historia de la Inmigración, es fruto de la investigación que ha dirigido en los últimos años la historiadora Annie Cohen-Solal, conocida por sus biografías de Jean-Paul Sartre, Mark Rothko o el galerista Leo Castelli.

Se trata de una exposición política con la que la autora reconoce querer transmitir la rabia que ha sentido en la consulta de los cientos de miles de documentos del Museo Picasso y los archivos de la Policía, para hacer que el visitante se sienta “empoderado” al salir.

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“La evolución de las sociedades se debe a estos artistas, los que tienen dificultades para adaptarse, pero encuentran las estrategias adecuadas”, dijo la comisaria.

Estos documentos revelan la complicada relación que el joven Picasso mantuvo con las autoridades francesas desde su segunda estancia en París, en 1901.

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De esa fecha data el dossier 74.664 de los archivos de la Dirección de la Policía General, un documento de extranjería firmado por el comisario Rouquier con datos obtenidos a través de la portera del edificio en el que vivía el pintor, de su actividad en Montmartre, artículos de prensa y consideraciones varias que le valieron el equivalente a lo que hoy sería “fiché S”.

ANARQUISTA CON DIFICULTADES PARA EL FRANCÉS

Bajo esta etiqueta, los servicios de inteligencia investigan en la actualidad no solo a sospechosos por vínculos terroristas, también a activistas ecologistas, “hooligans” y otros individuos sujetos a una vigilancia especial.

El dossier del malagueño, relacionado con un grupo de catalanes también señalado, marcaba datos como que era anarquista, que hablaba mal el francés y apenas lograba hacerse entender y que dibujaba a prostitutas y mendigos.

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Cuando en 1940, poco después del asesinato en España de Federico García Lorca, Picasso solicitó la nacionalidad francesa por primera vez, temiendo ser tomado como un chivo expiatorio por sus vínculos con la República española, aquel dossier 74.664 fue utilizado para denegarle el pasaporte. Le cuestionaban su aportación “a la gloria de Francia”. Picasso nunca habló de ello a sus amigos.

En esos años, el artista era ya un hombre conocido y rico, había sido director del Museo del Prado, había dado forma a su obra más conocida, el Guernica, y era objeto de una retrospectiva en el MoMA de Nueva York.

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