Yoshiro Chávez: La literatura es la sonrisa macabra de nuestra condición humana
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Por: Sixto Sarmiento

¿Visualizas el impacto en la literatura peruana en el contexto de una sociedad pandémica y post pandémica?

A Paul Celan se lo estigmatizó, en un principio, por escribir poesía “pura” sobre el holocausto, por elevar el arte por sobre la tragedia. Nada hay que pueda hacernos renunciar a la literatura y al arte en su forma de hacerlo. Quizá, en ese caso, se cuestionaba lo ético por lo inmediato, porque las heridas no terminaban de sangrar o porque a algunos les parecía una banalidad. En nuestro contexto y ya no por la belicosidad humana sino siendo una sociedad confinada por el embate de la naturaleza, desde luego que activa nuevas fibras sensitivas en los escritores, ahonda la búsqueda de filosofías que respondan por nuestra nimiedad de cara a la naturaleza omnipotente; y es allí a donde a un sector de escritores les viene el desahogo inmediato y la producción literaria hasta en serie. He visto que ya se han publicado relatos sobre la pandemia en pleno confinamiento, se ha escuchado en las diversas plataformas poesía y hasta se han creado foros. Y algunos atisban proyectos post pandémicos de envergadura sobre el tema. El impacto concreto, creo yo, que son las pretensiones infinitas de saberse escritor con la pandemia como insumo.

¿Ha afectado tu proceso creativo, lo cambia, lo amolda o qué te ha significado el confinamiento?

Sin duda los fenómenos sociales y naturales inciden en cambios y amoldamientos en el proceso creativo. Nos cambian, pero en mi caso ello se produce en el tiempo, no en lo inmediato. Ahora mismo las secuelas del confinamiento o su atenuación las padezco, las sufro, lejos de cualquier personaje narrador. Intento, dentro de mi vulnerabilidad, estar atento a respuestas de otro tipo, que de soluciones directas a la sociedad, como el caso de la científica. De otro lado, había tenido una deuda de tiempo para clasificar mis libros y principalmente para la lectura postergada en todos los géneros literarios; mucha lectura a medias, textos abandonados. Deseaba un año sabático, era un anhelo que no tenía cuando llegar. En noviembre de 2019 caí preso de la inamovilidad por un accidente que no me dejó caminar cuatro meses y estuve aprovechándolo para aquellos fines. Luego, las medidas obligatorias que impuso el gobierno me sumó a su vez el tiempo que requería. Es la única afectación que puedo exhibir, si buscar ser ordenado resulta ser una afectación.

¿La humanidad se ha sensibilizado, se ha humanizado con este fenómeno global?

Hay muchas lecturas. A la preocupación por el otro ante la propia sobrevivencia creo que le sigue el egoísmo vertiginoso del yo. Un alcalde que quiso cerrar su distrito sin alentar medidas de cooperación puede ser una muestra de ello. Andar por las calles con la mascarilla por debajo de las narices es un desafío y una demostración de invulnerabilidad y de estar dotado de salvación por la selección de la naturaleza. Esconderse los insumos que deben servir para combatir colectivamente el virus y destinarlo a lo privado, es una pugna del más fuerte, del más vivo. Dejar el abastecimiento de las vacunas a la oferta del mercado acusa una problemática ¿no? Escarbar apetitos políticos en medio de la pandemia no parece tener rastro de sensibilidad. Lo que ha despertado sí, es una leve curiosidad de verse constreñido a un enemigo invisible al que no se puede agarrar a patadas. El hombre niega su ansiada civilización cuando está desesperado y los más miserables se ponen a la orden del día. Y quienes la padecen en pobreza no le dan lugar a la resignación y salen a defenderse asumiendo todos los riesgos.

¿Entonces pareciera que la ficción ha cedido frente a la realidad?

La ficción y la realidad son dos tipos de ficción en pugna. Es el mundo de la representación de Arthur Schopenhauer en dos escenarios distintos. No parece que se pueda diferenciar ambas manifestaciones, si no fuera por la mayor puesta en escena de la realidad y su amarillismo, por las manchas, sus gritos y su hedor. En una hoja en blanco, en un libro no tengo que darme el trabajo de enterrar muertos de covid para hacerme espacios. Han proliferado cementerios clandestinos y cifras estadísticas amañadas. En la ficción se requiere, apenas, una capacidad de síntesis donde se entierra y se cifra de otra manera.

¿Entonces las catástrofes no humanizan?

Parece que no. Más bien es una oportunidad de acomodarse en medio de la resignación; ahora que el virus nos recuerda que somos perecibles hay que hacerlo y pronto. ¿Recuerdas la gente acaparando papel higiénico? La cuestión es biológica, entonces.

¿El escritor debe ser inmune al dolor?

“Somos parte del problema, pero también de la resistencia. Se puede sobrevivir con dignidad. Si necesitamos del otro para permanecer hay que aprender a administrar. El escritor quizás ahí vuelque su tarea de sugerir nuevas atmósferas que han funcionado o pueden funcionar. Si tenemos de lado la razón y la inteligencia y agotamos tecnologías que estas sirvan al menos para evitar el dolor humano en la mayor medida. Sucede que ciertas ideologías al ofrecernos la eternidad hacen que el hombre postergue o tenga olvidadas sus tareas básicas en el periodo biológico que debe caminar en la Tierra. Nadie debería ser inmune a leer y escribir alguna vez, creo yo. Hasta ahora es lo que he encontrado como remedio para atenuar el dolor”.

¿Qué hacer desde la literatura?

“No perder la admiración por el mundo que nos rodea, con sus incógnitas y con sus golpes. Que la certidumbre no nos manipule. La literatura ha de incidir en la provisionalidad y en lo pasajero de nuestra especie y debe servir como señuelo para enfrentar el próximo paso; y darle continuidad a nuestro ciclo vital. La literatura es la sonrisa macabra que le ponemos a nuestra condición para atenuar los daños antes de acabar en una zanja”.

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