Enrique Ghersi: Cuarentena incuba una crisis espantosa [ENTREVISTA]
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-Hay tres temas importantes: el impuesto de “solidaridad”, el colapso de la economía y las instituciones por la pandemia, y la falta de voto de investidura. ¿Podemos empezar por el primer tema, doctor?

La propuesta de crear un impuesto de “solidaridad” para gravar la riqueza es engañosa e ingenua. En primer lugar, porque ya existe: es el impuesto a la renta. En segundo lugar, porque en una economía cuya informalidad oscila entre el 70-80% resulta ilusorio pensar que va a tener algún efecto beneficioso.

-Amplíe estas ideas por favor…

Se habla de gravar a las personas con altos ingresos o alto patrimonio. Ambas ideas son equivocadas. Gravar ingresos es confiscatorio. Se debe gravar la utilidad y para eso, precisamente, está el Impuesto a la Renta. No se puede gravar ingresos, además, porque se estaría gravando también los costos de una empresa o una persona y eso es irracional.

Si se optara por gravar el patrimonio, lo mismo, estaríamos gravando capital y no renta, lo que es confiscatorio. Con el agravante de que una persona ha pagado ya varias veces impuestos por los bienes que integran su patrimonio: impuesto a la renta, por el dinero que ganaron, y predial, por las propiedades que adquirieron.

Estamos además frente una propuesta francamente absurda e impolítica porque en nuestro país las grandes empresas tienen convenios de estabilidad tributaria y no pagarían ese impuesto. ¿Quién lo pagaría? La clase media, que no es rica, y que es la más golpeada por la crisis económica a consecuencia de la pandemia.

-Más si estamos en franca recesión…

Obvio. Es mala política económica subir los impuestos en recesión. Eso va a hacer que caiga más la producción y el consumo. En recesión deben bajarse los impuestos para reactivar por la oferta. Por ejemplo, es irracional un impuesto selectivo al consumo tan alto a los combustibles con el barril de petróleo a un dólar a futuro. En ese contexto, debiera bajarse drásticamente ese impuesto. Y que Petroperú compre futuros, porque somos importadores netos de crudo, con lo que podría arbitrar esa diferencia favoreciendo la reactivación del mercado nacional.

-¿Y en cuanto a la informalidad?

Tampoco se entiende la lógica de la informalidad cuando se propone subir los impuestos. La ley es costosa, no gratuita. Cuando tenemos que 7 u 8 de cada 10 peruanos incumplen las leyes, no es porque son malos o ignorantes; es porque la ley es muy costosa. Si subes los impuestos, entonces lo previsible es que subirá la informalidad.

Dicho de otra forma, la mejor manera de bajar la informalidad y ayudar a los pobres no es subiendo los impuestos sino bajándolos y de esa manera ampliar la estrecha base tributaria del país que ya no se sostiene más por la crisis.

Por eso cuando me preguntan cómo haría yo para formalizar a los informales, contesto que en realidad lo que hay que hacer es informalizar a los formales, reduciendo el costo de la legalidad para todos los peruanos.

TIEMPOS DE PANDEMIA

-¿Qué nos puede decir del colapso económico e institucional que ya se asoma?

Estamos frente a una situación que puede ser parecida a la que hubo en el país al término de la guerra con Chile. A este paso vamos a salir de la cuarentena con el aparato productivo en ruinas y la pandemia aún existente. Entonces, cabe preguntarnos si la gestión de la crisis, por ello, está siendo la mejor. Bueno, creo que la respuesta es negativa.

La primera reacción del gobierno fue centralizar la lucha contra la pandemia y encerrarnos a todos en nuestras casas. En primer lugar, la centralización nunca es mejor que la descentralización. El gobierno debió haber favorecido que todos, el sector público y el privado, compitieran por ofrecer libremente los servicios de salud necesarios, de tal manera que se incremente la oferta. Han hecho exactamente lo contrario, como si la sociedad fuera estática y no dinámica.

-¿Por qué habrían optado por esta vía?

Creo que no han entendido que la lucha contra la pandemia no es solo cuestión médica sino fundamentalmente gerencial: hay que administrar eficientemente los escasos recursos disponibles. El ministro de Salud [Víctor Zamora] ha debido por ello ser un gran gerente para afrontar directamente la crisis. Recuerdo que siempre se dijo que el mejor ministro de Salud de la historia había sido Watson Cisneros, que era ingeniero y no médico.

Este desprecio por la administración profesional ha llevado a los infectólogos al dramático callejón sin salida en el que se encuentran, sin tener a nadie capaz de proveerles los medios que necesitan en su heroica tarea.

-Sucede que hay dos posiciones, y eso se ve en el mundo entero: los que privilegian una cuarentena rígida, tal vez cuartelera, y los partidarios de una flexibilización. Unos son cerrados partidarios de lo que llaman “la defensa de la vida”, y los otros ponen énfasis en la economía, en la idea de que una recesión brutal puede causar incluso más muertos que la pandemia.

Yo creo en la fórmula intermedia de apelar a la responsabilidad personal, como en Japón, Nueva Zelanda –que ha proclamado su victoria sobre el virus–, Suecia, que son experiencias exitosas. Lo más razonable es una combinación de una forma de confinamiento que no anule la actividad económica. En el Perú hace cuarentena el que quiere. La capacidad de represión de la Fuerza Armada es limitada. Diría incluso que participa poco o nada, como bien lo ha hecho notar el almirante Jorge Montoya. Entonces, veo que la cuarentena es retórica: la cumplimos nosotros, la clase media, pero en el mercado de Caquetá [de San Martín de Porres] no existe.

La cuarentena de Vizcarra la entendimos como para ganar tiempo en el campo de las necesidades médicas del sector salud. Pero no ha sido así. Esta cuarentena lo único que está haciendo es incubar una crisis económica espantosa.

-O sea que Montoya puede tener razón…

Creo que sí. Hablando en otros términos, la cuarentena es una decisión táctica. ¿Y cuál es la estrategia? Ninguna. Esto significa que solo con táctica no se gana. Esto ya es un tema de gerencia, de administración de recursos escasos. No es un tema médico.

-Tal vez haya un factor ideológico o político…

Así es. Lo que pasa es que se está ideologizando la lucha contra la pandemia muy peligrosamente. Ya lo vimos con el desafortunado “pico y placa” por género o sexo. Pero si revisamos todos los días El Peruano, veremos que hay retrocesos dramáticos en las libertades personales y económicas con el pretexto de la pandemia que no pueden ser tolerados en un Estado de Derecho.

Es indispensable estar, por ello, alertas para evitar violaciones a los derechos fundamentales, modificaciones en el calendario electoral y la continuidad de un régimen de facto mientras el Gabinete Zeballos no obtenga debidamente su investidura del Congreso de la República.

Usted ha planteado que el Gabinete Zeballos tiene que recabar el voto de investidura.

El plazo para que un Presidente del Consejo de Ministros se presente ante el Congreso es de 30 días, que está largamente vencido en el caso del Gabinete Zeballos. Subrayo –aunque al parecer ya hay una fecha entre el 10 y 15 de mayo que aún no está confirmada– que esto presenta un problema de índole constitucional muy delicado: si no tiene investidura, no es un Consejo de Ministros y, como tal, ninguno de ellos puede refrendar un acto presidencial, por lo cual todos ellos serían nulos. El Consejo de Ministros está en la obligación legal y política de presentarse de inmediato ante el Congreso para, en una sesión virtual, exponer y debatir su plan de gobierno y obtener la investidura. De no hacerlo, se convierte en un gobierno de facto.

-¿Cuál sería en este problema, el papel del Congreso?

Tampoco escapa a este poder del Estado tal obligación. Sin más trámite, el señor Presidente del Congreso debe poner fecha y hora para la presentación del gabinete. Es una obligación inaplazable. Reitero, de no llevarse a cabo, el grado de inseguridad jurídica del país sería intolerable, pues con toda razón cualquier gremio, empresa o persona podría recurrir al Poder Judicial a pedir la nulidad de los actos de gobierno, y muy probablemente ganaría. Por esa razón, encuentro imprudente que el Señor Presidente del Consejo de Ministros demore un minuto más su comparecencia ante el Congreso.

-¿No pueden argüir en Palacio que se vive una situación de emergencia?

¿Qué tiene que ver la emergencia? La Constitución establece claramente qué derechos se suspenden en dicho estado de emergencia. No está suspendida la legislación sobre la estructura y funcionamiento de las instituciones públicas.

El coste de la informalidad: el 48 por ciento del salario

Para el liberal Enrique Ghersi, hay un craso error que cometen los políticos de diversas latitudes, incluido Europa: es el creer que el Derecho y las leyes tienen un coste cero. Es decir, que “uno puede cambiar la ley y no pasa nada, y que hay que obedecerla porque es la ley. Pero eso no es así”, afirma.

En conversación con EXPRESO, recordó al anarquista español Joaquín Costa, el impulsor de las reformas agrarias en el siglo XIX. “Costa, que era de izquierda, afirmaba en sus escritos que la ley solo es obligatoria cuando el pueblo la obedece voluntariamente y se vuelve una costumbre”, recuerda.

Y es lógico que eso ocurra solo después que los agentes económicos o los ciudadanos hacen sus propios cálculos costo-beneficio para ver si les conviene o no la ley. Y si no les conviene, simplemente no la obedecen, buscan los recodos legales para evadirla o se refugian en la informalidad o la economía subterránea.

Ese mismo coste del derecho se refleja en las leyes laborales que en nuestro país son atroces: es un adicional de 48 % de gasto del salario de un trabajador. “Ese es uno de los costes de la formalidad, por eso la gente trabaja al margen de la ley”, resume el experto.

No es entonces suficiente que el Congreso o Palacio de Gobierno promulguen leyes como el del impuesto a la solidaridad.

“ES RETÓRICA”

“En el Perú hace cuarentena el que quiere. Es pues una norma retórica: la cumplimos nosotros, la clase media; pero en los sectores populares, como el mercado de Caquetá de San Martín de Porres, no existe”.

PARADOJAS PERUANAS

El Perú es un país de paradojas. A la izquierda le tocó gobernar con el ciclo del boom de los commodities, como los minerales, y no hizo nada.

“Se robó el dinero”, dice Ghersi. De otra parte, tenemos una derecha que no es diferente a la de otras latitudes: no tiene principios sino meros intereses.

DESOYERON PROPUESTAS

Desde el comienzo, el Gobierno desoyó las propuestas de empresas y gremios privados que podían iniciar parcialmente operaciones con estrictos protocolos, haciéndose cargo de los test, la seguridad y del seguimiento de contagios de sus trabajadores”, recuerda Roberto Abusada en su columna habitual en un medio local.

POR: PLINIO ESQUINALIRA

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