Talará producirá gasolina inservible
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Por: Plinio Esquinarila y José Morán.

¿Cómo es que un proyecto que inicialmente su costo se estimaba en US$ 1,334 millones, escala a US$ 5,400 millones y cerraría en más de US$ 6,500 millones? Esa la primera interrogante que ya se ha desentrañado sobre la refinería de Talara. La segunda es quién autorizó y dónde está la resolución para que la modernización de la antigua refinería se cambie por una nueva. Finalmente, ¿sirve o sirve, de acuerdo a los estándares internacionales, la refinación de la gasolina que se producirá en Talara?

Empecemos por lo último. No sirve para la exportación. Sobre el particular, el economista Jorge Baca Campodónico ha hecho hincapié, en principio, que la cantidad de barriles que producirá esta nueva refinería está muy lejos de lo que una refinería moderna debería producir normalmente.

Y es que “los costos de escala son fundamentales para poder competir a nivel mundial. Como está concebido este proyecto, la idea es pasar de los 65 mil de barriles diarios que tenía la antigua refinería de Talara, para 95 mil (…). Pero si analizamos cuáles son los tamaños competitivos de una refinería a nivel mundial, [esto es] mínimo 250 mil barriles diarios. La nueva refinería no va a ser competitiva a nivel mundial”, aseveró.

El extitular del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) remarcó en un video compartido en la cuenta “Cápsulas para Millennials”, que otro punto crítico es el producto que se va a generar. De acuerdo a lo señalado por el economista, el combustible que se obtenga de esta nueva refinería no cumplirá con los estándares de contenido máximo de azufre Partes Por Millón (PPM).

“La nueva refinería, con toda la tecnología con la que fue hecha hace 14 o 10 años, solamente va a poder hacer [combustible] que tenga 50 PPM (azufre en Partes Por Millón), cuando ya las normativas europeas e internacionales, inclusive por ejemplo Chile y Brasil, ya están por debajo de los 10 PPM”, dijo Baca.

“Ya se está hablando de la utilización del diésel para barcos que ya tienen que ser inferiores a los 5 PPM (…). Definitivamente vamos a hacer un producto que no va a tener ningún tipo de participación en el mercado, porque es un producto que nadie lo quiere”, agregó.

LA INVERSIÓN
Se ha dicho en repetidas oportunidades que las modificaciones de costos del proyecto se explican por el apuro en iniciarlo sin tener completos los estudios de preinversión, sin financiamiento asegurado y por los evidentes errores e ineficiencias de los responsables.

Sobre el tema de la inversión el primer monto dado a conocer para la nueva refinería fue de US$ 1,334 millones, producto de un esquema de ingeniería conceptual de la consultora Arthur D. Little cuyo estudio fue entregado a Petroperú en 2008.

El siguiente paso sería la ingeniería básica y luego la de detalle. Y a medida que se avanzaba en los estudios se tendría un mayor nivel de precisión sobre los niveles de inversión.
Años después de los US$1,334 millones se anuncia un monto de US$1,700 millones, esto cuando era titular de la empresa petrolera del Estado, el ingeniero Humberto Campodónico, el verdadero padre de la criatura de la nueva refinería de Talara, con el equipo de La República, en el gobierno de Ollanta Humala.

Un impulso que iba a contracorriente porque la industria del refino empezaba a caer en el mundo por los cambios hacia energías renovables, entre otras razones que no vienen al caso detallar, siendo incluso más barato comprar refinerías ya instaladas que hacer nuevas.

Con el cambio de gobierno y la entrada de Pedro Pablo Kuczynski a Palacio, no obstante que Peruanos por el Kambio y voceros calificados como Fernando Zavala, en plena campaña electoral de 2016, afirmaban que no tenía sentido continuar con la modernización de Talara, la nueva administración de Petroperú –con Luis García Rosell a la cabeza- decidió continuar.

Esto no obstante un “costo hundido” o pérdida irreparable de US$ 2,100 millones que no se podían recuperar y los aún “US$ 5,400 millones estimados para continuar con el proyecto porque su antecesor –Humala– ya había invertido US$ 1,600 millones y que además se habían contraído compromisos por unos US$500 millones”, como informó EXPRESO en su edición del 24 de mayo del 2019.

Es así que el nuevo titular de Petroperú continuó con el esquema de Arthur D. Little para el término de los estudios de ingeniería. Para entonces la inversión –digamos actualizada- era de alrededor de US$4,000 millones que se podía desglosar en tres componentes:
-US$ 2,700 millones para unidades de proceso que se adjudicó a la española Técnicas Reunidas (TR).
-US$ 500 millones aproximadamente para obras complementarias.
-Y US$ 800 millones para unidades auxiliares u obras tercerizadas.

Es decir, un consolidado de US$ 4,000 millones de infraestructura a la que había que sumar US$ 800 millones en gastos financieros de la etapa preoperativa a esa fecha. De forma que la suma de la inversión para Talara trepó a US$ 4,800 millones.

A lo anterior había que agregar las obras tercerizadas, que hoy son el dolor de cabeza principal para la conclusión de la obra.  Como se sabe, la buena pro de la tercerización fue ganada por el consorcio Cobra – SCL UA TC, que ejecutaría el Servicio de Ingeniería de Detalle, Suministro y Construcción de las Unidades Auxiliares y Trabajos Complementarios a un costo de US$ 936’589,527.55.

Para entonces Industrias Reunidas se quejaba de que ellos terminaban su trabajo y las obras complementarias, o de terceros, se demoraban demasiado. Un desfase en el tiempo que generaba mayores costos, estimados oficialmente en US$ 600 millones.

Para 2017 la sumatoria ya había llegado a US$ 5,400 millones de inversión. Estos y otros detalles seguían abultando la inversión, celosamente ocultados por Petroperú, así como los cálculos cambiantes de la consultora Arthur D. Little, pulverizados por el economista Ricardo V. Lago en diferentes columnas de opinión en la prensa nacional.

Visto el tema en esta perspectiva, se estima que la inversión de la Nueva Refinería de Talara superaría los US$ 6,500 millones si se consideran todos los costos involucrados, especialmente los financieros, según las investigaciones del economista Manuel Romero Caro.

DETALLE FINAL
La falta de transparencia, principalmente en el tema financiero, motivo por el cual ha renunciado el presidente de Petroperú, aparte de sus palabras soeces para con la titular de Economía y Finanzas, María Antonieta Alva, también se dio en el ocultamiento de que se construía una nueva refinería y no se modernizaba la antigua.
Esta novedad, increíblemente ocultada, se supo recién el 3 de mayo de 2017, cuando Luis García Rosell reconoció que la refinería ya no sería remodelada sino nueva, con todos los costos antes reseñados.

Y es también cuando se supo que el proyecto no tendría cuatro sino 16 unidades divididas entre el proyecto principal y las plantas auxiliares. El paquete completo, repetimos, nos saldrá la friolera de US$ 6,500 millones.

Así las cosas, “es de la máxima urgencia que Petroperú logre un acuerdo con las empresas encargadas de llevar adelante la nueva refinería con la finalidad de parar la espiral de sobrecostos y penalidades en la que está incurriendo la obra. Si no fuera posible lograr el objetivo a través del trato directo, no quedaría otra que recurrir al arbitraje”, opina Romero Caro.

PETROPERÚ NO PUEDE PAGAR DEUDAS
Desde el cierre del año pasado se ha solicitado desde Petroperú la necesidad de un financiamiento adicional por US$ 600 millones para concluir las obras y la puesta en operación comercial del Proyecto Modernización Refinería Talara (PMRT).

Se ha planteado la necesidad de una nueva emisión de bonos en el mercado internacional, recuerda César Gutiérrez, experto petrolero. En junio de 2017 Petroperú emitió dos series de bonos en la Bolsa de Nueva York: una por US$ 1,000 millones a 15 años a una tasa de interés anual de 4.75%, que implica un pago de 47.5 millones año. Y otra a 30 años a una tasa de interés anual de 5.63%, que implica un pago de 56.3 millones cada año.

Más allá del pago de intereses por bonos que ascienden a US$ 103.8 millones anuales hasta el 2032 hay que generar una provisión anual para que en dicho año se devuelvan US$ 1,000 millones ese año, dice Gutiérrez, también expresidente de Petroperú.  Entre el 2032 y el 2047 tenía que abonar anualmente 56.3 millones por bonos y provisionar para devolver en el 2047, los US$ 1,000 millones adicionales, lo cual ya es complicado, afirma.

Si sale al mercado por los US$ 600 millones que consideran necesarios, en una emisión para 15 años, la tasa de interés será mayor que la del 2017 porque el mercado ha quedado notificado que el Ministerio de Economía y Finanzas, por la decisión de la ministra María Antonieta Alva, que un gobierno no tiene por qué salir a cubrir las deudas de Petroperú, advierte.

Recuerda que en el 2017 los bonistas estaban convencidos de que el Estado nunca dejaría impago un compromiso adquirido por la empresa petrolera del Estado.
El impase de la salida del anterior presidente, Carlos Paredes Lanatta, que solicitó al MEF que el fisco asuma una deuda de 1,500 millones de moneda verde ha traído estas consecuencias.

SOBREENDEUDAMIENTO
Según los estados financieros de la petrolera estatal al cuarto trimestre del 2019, registra un pasivo no corriente (deuda de largo plazo) por US$ 3,200 millones, de los cuales 2,000 son los bonos ya citados. Los US$ 1,200 millones restantes corresponde a un crédito de la agencia CESCE.

Si sumamos las obligaciones de bonos y el crédito CESCE en los próximos 15 años, Petroperú deberá pagar anualmente la suma de US$ 212 millones por bonos y el crédito CESCE, lo cual según la unanimidad de expertos es imposible.

Por lo que mejor sería sincerar la situación de la petrolera del Estado y privatizarla, como plantea el analista Aldo Mariátegui.

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