Un gobierno débil que cede ante todo capricho
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El nuevo gobierno del presidente Francisco Sagasti, del Partido Morado, recién terminaba de instalarse, y una turba en Ica decidió bloquear la Panamericana Sur el 30 de noviembre último y, por cinco días consecutivos, hemos observado a adultos mayores, familias enteras, enfermos en busca de tratamiento médico, transportistas con productos perecibles, entre otros afectados, atrapados en la citada vía durante el llamado ‘paro agrario’.

Desde ese día hasta hoy -de una u otra forma, por angas o por mangas- las tomas de carreteras se reproducen casi a diario: anteayer fue al sur de Lima, en la vía Panamericana, entre Pucusana y Chilca; también los paperos de Huánuco; ayer en Tacna, por obra de los colectiveros que buscan una ley que los saque de la informalidad, dicen.

Prohibida de usar la fuerza o cualquier otra acción para hacer cumplir la ley y el libre tránsito, la Policía Nacional del Perú (PNP) se ha convertido en muda espectadora a partir de los sucesos de Ica, y tal vez antes, desde el 14 de noviembre, el día de las violentas movilizaciones en Lima que produjeron la caída de Manuel Merino de Lama de la Presidencia de la República.

En tan difíciles circunstancias, ¿qué decía Sagasti sobre las tomas de carreteras?

“Protestar por la reivindicación de los derechos es legítimo. Bloquear carreteras no solo es inconstitucional e ilegítimo, porque afecta diversos derechos ciudadanos; también es un delito que el Estado no puede aceptar”, escribió el Presidente en sus redes sociales la mañana del 3 de diciembre.

“Estos actos no se deben volver a repetir”, reiteraba el mandatario sobre la toma violenta de tramos carreteros, pero ¿quién le va a hacer caso con la nula autoridad mostrada?, comentaban en las mismas redes, mientras la prensa oficialista recurría al argumento de que esos eran problemas embalsados del pasado.

En cambio, en la otra orilla, los partidarios de la izquierda levantisca blandían un sinnúmero de argumentos en favor de los toma-carreteras. “En el Perú la democracia no se logra con los votos, se logra con la toma de calles y carreteras”, era uno muy difundido.

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