Vivimos un mamarracho de campaña por culpa de la reforma política
Comisión de Alto Nivel para la Reforma Política. Foto: Presidencia
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POR PLINIO ESQUINARILA

Vivimos los últimos días de una campaña electoral confusa de esta primera vuelta que se cierra el 11 de abril, una fragmentación impredecible de los votantes en medio de voces recurrentes que señalan una voluntad de fraude que se instala en la misma cúpula del Jurado Nacional de Elecciones (JNE), con una peligrosa polarización que se ha acrecentado desde noviembre del año pasado.

Una fragmentación que a la par muestra una honda fisura, una división insólita entre peruanos por razones políticas, incluso al interior de las familias, lo que lleva a muchos ciudadanos a la desafección, a proclamar a los cuatro vientos que no votarán por ningún candidato presidencial o simplemente no asistirán a las urnas.

Nada de esto es gratuito. Nada cayó del cielo. “Hay un dicho antiguo: se cosecha lo que se siembra”, resume el experto en temas electorales y ex secretario general del JNE, Juan Falconí Gálvez, en referencia a los frutos de la llamada reforma electoral del gobierno de Martín Vizcarra.

Nos vendieron ese paquete reformista, recuerda el especialista, con un referéndum que la gente apoyó, tanto que el actual Congreso de la República es producto de esos ímpetus e incluso el próximo llevará la misma marca.

“Pero ahora resulta que los ideólogos, los autores intelectuales de esa reforma siguen siendo críticos hasta de este Congreso, que es su hechura, que es producto de sus reformas, de su creación, pero lo critican para tomar distancia como diciendo yo ni fui”, señala Falconí, sin querer personalizar, de seguro por delicadeza, a Fernando Tuesta Soldevilla, el jefe y la cabeza más visible de “notables” convocados por el ahora vacado Martín Vizcarra.

A estas alturas de la historia de poco sirve recordar las cuatro reformas constitucionales remitidas al Congreso antes del referéndum del 9 de diciembre de 2018.

El abogado Falconí, pasado este tiempo, se pregunta, ¿de qué sirvió todo eso? “Los ciudadanos se enfrentaron, se pelearon. El país se polarizó estando de por medio los objetivos de un señor que ahora es candidato político al Congreso”, reflexiona, en alusión tácita a Vizcarra Cornejo y en declaraciones a EXPRESO.

A resultas de esa reforma política ahora tenemos un país polarizado, reflexiona.

Y cuando a los protagonistas reformistas se les pregunta, ahora, sobre su obra y las ventajas de la misma, responden que “están incompletas”, con la esperanza de que después del 11 de abril las completarán.

En el ínterin se perdieron derechos como la inmunidad parlamentaria, que para el caso peruano era perfectible, sin necesidad de lapidarla a causa de los errores que pudo tener en su uso, con el apoyo de los medios de comunicación que jugaron un papel de azuzadores.

Para salir de ese estado peligroso de confrontación y de rencillas entre peruanos, a los que tanto nos gusta fundar, refundar, poner en forma reiterada la primera piedra, en una suerte de complejo adánico, es preferible –en el próximo gobierno- un diálogo franco, con modestia, una conversación pensada entre mayorías y minorías, donde nadie se presente como “sabio” ni “notable” que tiene el monopolio de la verdad, concluye.

LECTURA LIBERAL

El liberal Enrique Ghersi dijo a este diario que “el Lagarto nombró a una comisión de notables e hicieron un notable mamarracho. Ahora el país entero paga las consecuencias de ese mal diseño de reforma política”.

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