La Remuneración Mínima: miopía y mirada de Tuerto

La Remuneración Mínima: miopía y mirada de Tuerto
  • Fecha Sábado 1 de Diciembre del 2018
  • Fecha 5:10 am

La discusión acerca de la remuneración mínima (RM), fijada por el Estado, gira principalmente alrededor del incremento que “debe hacerse” por inflación y productividad multifactorial sin tomar en cuenta su impacto total. Un ejemplo de la despreocupación por el impacto es la exposición de motivos del Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo (MTPE) para sustentar el aumento en la RM decretado en marzo 2018. Dicho documento, que consta de 18 páginas, dedica solamente seis líneas a evaluar el impacto de la medida.

A continuación, se reproduce íntegramente la sección “Análisis costo beneficio”: “Esta medida se realiza en cumplimiento de la obligación constitucional que tiene el Estado, y de otro lado, permite mantener el poder adquisitivo de al menos medio millón de trabajadores formales aproximadamente. Además, esta medida no implicaría una afectación al sistema productivo por dos razones: es progresiva y segundo, es una medida de actualización que se realiza después de haberse producido el incremento de la productividad empresarial”.

Estas afirmaciones no tienen sustento y en algunos casos son falsas. Por ejemplo, no es cierto que la actualización se realiza “después de haberse producido el incremento de la productividad”. En el Marco Macroeconómico Multianual 2018-2021 publicado el 25 de agosto del 2017 el MEF señaló que la productividad total de factores cayó en -1.1% en el período 2014-2016 y se proyectaba un crecimiento igual a cero para el período 2017-2018.

Asimismo, es una falacia afirmar que el incremento de la RM “permite mantener el poder adquisitivo” de los trabajadores formales. Esa afirmación no considera la elasticidad en la demanda, es decir, que muchos empleos formales se pueden perder o dejar de crear al aumentar la diferencia de costo entre empleos formales e informales. Esta es una visión miope porque, si bien algunos trabajadores podrán verse beneficiados, otros serán perjudicados al perder sus empleos o pasar a la informalidad.

Además. no se entiende qué quiere decir el MTPE al afirmar que el aumento no afecta al sistema productivo porque “es progresivo”.  El aumento decretado fue de 10%, de un solo golpe, y un aumento como ese definitivamente afecta al sistema productivo, especialmente cuando se le suma el aumento de 15% decretado menos de dos años antes.

El miope “Análisis costo beneficio” no toma en cuenta tampoco los casos de empresas formales que no están en capacidad de afrontar mayores costos impuestos por el Estado porque compiten con productos importados o con la informalidad y no pueden trasladar esos mayores costos al precio de sus productos. La RM debe ser calculada tomando como base las empresas menos competitivas y no la empresa promedio, como se hace en la actualidad. Si no se toman en cuenta las diferencias en productividad por sectores económicos o regiones, se termina fijando la RM a un nivel por encima de lo que las empresas que se encuentran debajo del promedio de productividad pueden enfrentar.

Finalmente, ese “análisis de costo-beneficio” tampoco menciona el incremento en costos del Estado para enfrentar mayores remuneraciones de sus trabajadores, ni la pérdida de ingresos del Estado, al recaudar menos impuesto a la renta cuando las empresas disminuyan su renta neta por los mayores sueldos que deberán pagar.

Al hablar de aumentos de remuneraciones es común mirar solamente un lado de la ecuación, el beneficio para los trabajadores. Eso es tener mirada de tuerto, porque no se toma en cuenta el efecto en los empleadores.

En el caso de la exposición de motivos mencionada, el MTPE no analiza si los empleadores están en capacidad de pagar mayores remuneraciones, suponiendo, implícitamente, que los empleadores podrán enfrentar los incrementos en la RM. El MTPE debería considerar casos de empleadores o sectores económicos que en la actualidad tienen pérdidas, o para quienes un aumento en la RM conduciría a una situación deficitaria.

Al mismo tiempo, se ignora el efecto en los empleadores. El MTPE simplistamente asume que los aumentos benefician a todos los trabajadores. No tiene en cuenta la competitividad del país para atraer inversiones o retenerlas, es decir para generar nuevos empleos o mantener los existentes.

Es curioso observar que, al comparar la RM del Perú con otros países de Latinoamérica, la exposición de motivos solo menciona el crecimiento porcentual de las RM oficiales de los países desde el 2000, sin examinar el nivel efectivo de las RM en la actualidad en los diferentes países. Para permitir la debida comparación con otros países se debe ver el panorama laboral con los ojos de cualquier empleador actual o inversionista potencial, tomando en cuenta no solamente el nivel relativo de la RM oficial en los diferentes países, sino también otros factores como los sobrecostos laborales y la inflexibilidad para contratar y despedir.

Si el Perú aspira a pertenecer a la OCDE, el Estado debe obligarse a realizar análisis de impacto regulatorio (RIA) de todas las medidas que adopte. El anuncio del MTPE de “automatizar” en forma generalizada incrementos futuros de la RM en todos los sectores y regiones del país con una fórmula pre acordada, va en contra de las buenas prácticas de la OCDE, que exigen los debidos RIA. El MTPE debe recordar que, tal como lo indica su nombre, su mandato es promover el empleo, en especial el empleo formal, y el incremento en la RM de por sí es una medida que va en contra de ese mandato y no debe aplicarse sin el debido análisis de su impacto, corrigiendo la miopía y mirando con los dos ojos bien abiertos.

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