ANÁLISIS

Mitos y mentiras del modelo de Evo Morales

El gobierno Plurinacional de Bolivia, que presidó Evo Morales, elevó el déficit fiscal de 3% a 9% y llevó la deuda externa a aumentar en 500%. El siguiente análisis resume la historia de lo que ocurrió.

Mitos y mentiras del modelo de Evo Morales
  • Fecha Viernes 15 de Noviembre del 2019
  • Fecha 4:30 am

Obviamente, la primera causa del gran auge económico estuvo en el extraordinario incremento de precios de los commodities entre 2003 y 2014. Esto le permitió a Morales tener un presupuesto 4 veces mayor al de la era “neoliberal” de los 90.

Bolivia nunca tuvo una explicación sobre la causa de la cotización de commodities, pero confundió al mundo explicando los ingresos abundantes en la nacionalización de hidrocarburos en 2006, que sólo fue una renegociación de contratos realmente. Consecuencias vendrían luego.

Unos atribuyen el incremento de commodities a la creciente demanda de la China y la India, pero yo se lo atribuyo también, o más aún, a la mayor expansión monetaria y crediticia de la historia fundamentalmente de la Fed desde el ataque de las Torres en 2001.

Este diagnóstico es especialmente importante porque el nuevo modelo económico de Bolivia podía haberse empezado a construir sobre pies de barro, dependía de algo tan volátil e impredecible como los precios internacionales del petróleo, que jamás habían cotizado así.

GASTO

Esto le permitió a Morales incrementar el gasto como nunca antes en la historia del país, y con ello ir ganando atribuciones y competencias sobre la economía en desmedro de la libertad exonómica y, por tanto, la generación de valor de mercado, que sólo sería evidente después.

El modelo no fue realmente muy distinto del aplicado por el resto de regímenes del Socialismo Siglo XXI en América Latina. Llegó a tener los mismos problemas económicos estructurales de la Argentina de los K, el Brasil de Lula y Dilma, o la Venezuela de Chávez y Maduro, salvando distancias.

El régimen de Morales tuvo mucha suerte, porque cuanto más gastaba, más se incrementaba la cotización internacional de commodities, pero el modelo jamás tuvo sustento de largo plazo, pero sí un enorme auge cortoplacista.

Peor aún, no sólo el gasto público, que limitaba la generación de valor de mercado de todo emprendedor y ganaba amiguetes mercantilistas para hacer muchísimo dinero, fue lo que provocó el auge sin precedentes, aunque, insisto, insostenible…

Luego de eliminar la independencia del BCB, convirtiéndolo en su Prestamista de Primera Instancia, el Gobierno nacionalizó la moneda e intervino en el sistema bancario y financiero en 2013 para otorgar abundante crédito artificialmente barato; ¡el más barato de la región!

Todo esto fue una combinación especialmente explosiva, y tarde o temprano llegaría el detonante, pero tampoco era necesario esperar a que todo volara por los aires para finalmente convencerse de que Bolivia podía terminar en un desastre comparable al argentino o venezolano.

LA CAÍDA

En 2013 llegó la desaceleración, que negaron. En 2014 cayeron los commodities, y con ello también los ingresos públicos en alrededor de un 40% en 3 o 4 años. Recurrieron al meteórico endeudamiento público externo para compensar dicha caída, en vez de recortar gastos.

Pues así como Argentina, Brasil, Venezuela y Ecuador, que destruyeron sus economías mucho antes de la caída de commodities de 2014, Bolivia sería el último en caer, simplemente se encontraba en distinta etapa, y eventualmente caería de la misma manera.

Ya para inicios de 2018 la economía estaba en serios problemas de deuda pública, caída de reservas, gasto desbocado, iliquidez en el sistema bancario y financiero, incremento de la mora, todas las empresas públicas deficitarias o quebradas, etc.

A todo esto la retórica y la mentira era simplemente descarada contra los “enemigos de la patria”: “Somos el oasis económico regional”. “Medalla de oro regional en crecimiento”. “La próxima potencia continental”. Y demás dislates.

Por supuesto, sí que Bolivia creció y mucho, pero crecer por crecer nunca es bueno. Lo que importa es crecer con fundamentos de largo plazo. El modelo fue cerrado al mundo, y pretendían industrializar el país con saltos al proceso absurdos, que nunca terminaron de concretar.

BURBUJA

No fue auge, sino una burbuja de proporciones siderales. Mis amigos argentinos me dicen “no hay inflación”. La hay, y grosera, pero no en el IPC, que fue manipulado igual, sino en bienes de consumo duradero de más largo plazo: casas, terrenos, departamentos, autos 0 km, etc.

Entonces, no olviden hasta aquí: la desaceleración empezó a mediados de 2013, y la caída de commodities fue recién a mediados de 2014.

El problema estaba en el modelo en sí mismo, ni siquiera en su dependencia de los commodities; no se sostenía ni con el petróleo en ¡US$ 150!

La economía se sostiene en su capacidad para ahorrar y asignar ese capital a través de instrumentos propios del mercado, como el sistema de precios, hacia la economía, identificando escasez relativa y oportunidades para solucionar problemas a cambio de un legítimo beneficio.

Sin embargo, el Estado pretendió intervenir en cuanto sector de la economía pudo, para asignar capital, pasando primero, claro, por sus porosas manos; la corrupción fue descomunal, y a la economía se le impidió generar valor de mercado de largo plazo, hasta quedar entumecida.

Como anécdota reciente, Arce Catacora, ministro fuerte de Morales desde 2006: “La economía va por muy buen camino. El único sector que registra cifras negativas es hidrocarburos”. Esto es lo mismo que decir “la gallina sigue viva, el único problema es que ya no pone huevos”.

Las evidencias empezaron a acumularse. Cualquier pretexto (incluso un Mundial) era bueno para estimular la demanda agregada interna: el capital destruido en forma de escuelas, carreteras, hospitales, estadios, empresas, condominios públicos inutilizados es… ¡impresionante!

El mismo fenómeno de sobrecapacidad productiva y destrucción de capital en el sector privado, frito de la nacionalización monetaria y el abundante crédito artificialmente barato es igualmente comparable; vayan al Urubó en Santa Cruz, todo sobreapreciado espectacularmente.

Casi nadie (con muy pocas honrosas excepciones) se atrevió a diagnosticar como fenómeno típico de burbuja, no de auge. A los economistas opositores convencionales les era difícil no otorgar concesiones de vez en cuando. Otros criticaron sólo por defecto, algunos se vendieron.

DEUDA

Mucho incauto cayó en la narrativa oficialista y los datos macro trucados. Ejemplo: cuando Hacienda hablaba de la triplicación del PIB en 13 años, se refería apenas al nominal, no al real. Infantil, pero el argumento fue suficiente para invertir como si no hubiera mañana.

Pues cuando la demanda agregada interna empezó a desinflarse inevitablemente (la cantidad de crédito era considerablemente mayor a la cantidad de ahorro real disponible para invertir), todos empezaron a ajustarse, menos el Estado, que gastaba y se endeudaba más caro cada vez.

El crédito externo también se secó, incluso cuando los mayores bancos centrales alrededor del globo volvieron a la era de tasas de interés cero o negativas, que nuevamente estimulaban el precio del petróleo al alza; ni así fue suficiente: le brincaron a las reservas del BCB.

De manera paralela, en el sector privado la mora empezó a incrementarse; por mucho que mantuvieran las tasas de interés artificialmente bajas durante demasiado tiempo, el público ya no tomaba crédito; el sobreendeudamiento inocultable y la iliquidez del sistema imparable.

También buscaron brincarle a los ahorros del sistema de AFP. De hecho, al menos 2/3 de la última emisión de bonos soberanos en el exterior (US$ 1,000 MM) fueron comprados con esos fondos. Difícil mayor aberración inversora: ¿rentabilidad de las AFP? ¡1%!

A estas alturas la sugerencia para mis clientes era una de dos: A. Invierte afuera ahora porque luego será más caro, más tarde muy difícil, y finalmente imposible. B. El mejor momento para invertir como ‘contrarian’ se acerca, pero nadie sabe cuánto margen sea necesario.

Y la sugerencia para mis amigos políticos hasta hace un mes era: C. Deja que sea la economía la que se los lleve por delante, no la democracia. Pero los tiempos llegaron antes. Se fueron detonando una recesión verdaderamente severa para 2020, que debían asumir ellos.

INCENDIOS

Jamás aceptaron que su problema era el exceso de gasto y no la falta de ingresos, pero con el diagnóstico errado apostaron al reemplazo de Hidrocarburos por la Agropecuaria y biodiésel y bioetanol.

Fue cuando incendiaron 6 millones de hectáreas en la Chiquitania y la Amazonia.

POR: MAURICIO RÍOS GARCÍA

Puedes encontrar más contenido como este siguiéndonos en nuestras redes sociales de Facebook y Twitter.



Top
Héctor Becerril: “Todos los demócratas debemos llamar ‘Partido Moretón’ al Partido Morado”

Héctor Becerril: “Todos los demócratas debemos llamar ‘Partido Moretón’ al Partido Morado”