Los protectores del aeropuerto
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Por Geraldo Capillo

La mayoría de tripulantes no los ven, pero están allí. El antiguo arte de la caza con aves rapaces sigue usándose en operaciones de control de fauna y, a pesar de los avances tecnológicos, los campos de aviación más importantes del mundo han conservado esta actividad.

Los aviones cuentan con una escolta eficiente para los despegues y aterrizajes. El halcón se impulsa desde el puño de un cetrero y bate sus alas hasta llegar a una altura vertiginosa, solo vuela y observa, pero basta que perciba a un intruso para iniciar el ataque. Si ningún animal se atreve a perturbar el espacio aéreo, se deja caer tranquilamente sobre el brazo de su adiestrador.

La tradición milenaria de la cetrería permite dispersar a las amenazantes aves y roedores que merodean en zona restringida. En 2009, un avión de US Airways aterrizó en el río Hudson de Nueva York, luego de que un grupo de gansos se estrellara contra el motor. Desde entonces, la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) reforzó los protocolos para reducir los accidentes.

En 2006, el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez (Callao) estableció un programa para disminuir el riesgo de accidentes por animales. Para el oficial de peligro aviario del Aeropuerto Internacional Jorge Chávez, Jerico Solís Salazar, los incidentes registrados en otros países y la exigencia de la OACI han permitido consolidar el programa de control en una de las bases aéreas más transitadas del Perú.

“Al principio teníamos cinco alados y realizábamos actividades interdiarias. Sin embargo, el sistema se ha fortalecido y en la actualidad manejamos 14 aves de presa entre gavilanes, halcones peregrinos y halcones aplomados que nos permiten custodiar el aeropuerto durante el día y la noche. Cada ave tiene una ventaja que lo caracteriza como la altura, velocidad y caza”, sostuvo.

“Las aves son compradas en criaderos y deben tener poco más de un mes de nacidos, el objetivo es acostumbrarlos tanto al sonido del ambiente como a sus entrenadores. La cetrería nos ayuda a hostigar a las cuculí, palomas y gallinazos que se asoman al Jorge Chávez, ya que está ubicado cerca al río Rímac y al puerto del Callao”, agregó la autoridad aviaria.

“Los halcones y gavilanes pueden desarrollar esta actividad entre 10 y 15 años, luego se les deja libre o utiliza para procrear. Son carnívoras y su alimentación consiste de roedores y codornices. Ellos se han convertido en importantes colaboradores para operadores y pilotos. Además, sabemos que existen proyectos para ampliar el aeropuerto. Si eso ocurre vamos a proponer aumentar el número de aves y así continuar con la vigilancia desde las alturas”, finalizó.

SITUACIÓN EN LATINOAMÉRICA

“Los aeropuertos del Perú que han fortalecido su vigilancia son Cusco y Juliaca. En Latinoamérica, tenemos a Uruguay como un gran referente de este sistema. De otro lado, debemos señalar que el programa más restrictivo de la región lo tiene Colombia, porque sus leyes no les permiten utilizar fauna para controlar fauna”, mencionó el oficial de peligro aviario.

VALOR AGREGADO

Las aves sin entrenamiento tienen un valor no mayor a 400 dólares. Sin embargo, después del adiestramiento pueden llegar a costar cerca de US$ 4,000.

(Foto: Luis Borja/EXPRESO)