Aprobación ilusoria y presidente efectista
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Dice el refrán que “en el país de los ciegos, el tuerto es rey”. Así, en la “real politik” nacional, donde están cuestionados los partidos, resulta que quienes ejercen el poder son −en muchos casos− advenedizos y las tiendas partidarias desde donde provienen son cascarones que disfrazan caudillismos o son vientres de alquiler que agrupan generalmente a ciudadanos independientes con ambición electorera.

Encima la corrupción ha copado no solo a esos espacios de poder sino a las instituciones y a no pocas actividades económicas. La mejor prueba de este aserto es el caso Lava Jato que ha tocado a muchos exponentes de la clase política y empresarial del país.

Pero en medio de todo apareció Martín Vizcarra, quien llegó a Palacio de Gobierno prácticamente por entre los palos, y pese a haber sido una autoridad regional no ha tenido una biografía política descollante, siendo ahora su papel personal uno que emergió ante una situación de emergencia nacional dada la abrupta caída del señor Kuczynski.

Casi sin bancada oficialista, sin partido político real que lo respalde y sin un liderazgo abrumador, a Vizcarra las encuestadoras son las que lo presentan con una popularidad aplastante respecto de los demás políticos nacionales y, en tanto representante del Ejecutivo, aparece como una autoridad con gran apoyo ciudadano que deja lejos a los otros titulares de los poderes públicos.

No obstante, más allá del andamiaje cosmético de las encuestas benévolas para con el inquilino de la Casa de Pizarro, ¿qué pasa con la agenda nacional y con los problemas que se arrastran en costa, sierra y selva? ¿Qué pasa con un país, como el nuestro, que se está paralizando y que solo estaría funcionando en piloto automático, con inversiones en espera, con serios retrasos en la competitividad y productividad?

Además, frente a las corruptelas de Odebrecht, en particular, y del “Club de la Construcción”, en general, gremio este denunciado por el propio Vizcarra antes de asumir la presidencia de la República, resulta que el propio Parlamento también está paralizado más allá de los cuatro proyectos de ley enviados por el gobierno nacional en la perspectiva del referéndum del 9 de diciembre.

De otro lado, se le ha pasado una gran factura al Poder Judicial que debería esforzarse más para estar a la altura de combatir la corrupción dentro y fuera de sus predios. Pero en medio de todo, ¿está gobernando bien el señor Martín Vizcarra, tal como lo reflejan las encuestadoras o todo es simplemente gaseoso o un espejismo político en la opinión pública?

Pensamos que esas encuestas no están reflejando el sentir nacional. Lo que pasa es que tan bajo había caído el gobierno de Kuczynski como la generalidad de las organizaciones partidarias, más el explicable desgaste de Keiko Fujimori, Humala, García y Toledo, etc., ha hecho que el ingeniero Vizcarra aparezca como el político menos contaminado.

Lo lamentable es que la vanidad que generan las encuestas lo han convertido en un presidente confrontacional que proyecta su candidatura para el 2021 y esas energías deberían ser mejor empleadas hoy para luchar eficazmente contra la pobreza, la informalidad y la inseguridad ciudadana.