El neomontesinismo caviar
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El derecho al secreto y la inviolabilidad de las comunicaciones (Art. 2, numeral 10 de la Constitución Política del Perú) son vulnerados con gran facilidad y frecuencia. No es de ahora y en eso Vladimiro Montesinos, en medio de sus acostumbrados shows, dio cátedra en la década de los noventa.

Pero esa intromisión sobre las comunicaciones privadas tiene admiradores y mejores discípulos, los que se cuentan entre las sombras del poder caviar. Ese rol especializado y dedicado a violar un derecho constitucional de todos los peruanos es ejercido con gran despliegue desde sectores caviares politizados.

A ratos parece que Montesinos es superado con creces por ellos, por esos nuevos “talentos” del chuponeo y de la interceptación telefónica. Peor todavía cuando durante los gobiernos de Paniagua, Alejandro Toledo y Ollanta Humala no fueron pocos los políticos o personajes caviares que llegaron a los ministerios de Defensa y del Interior.

Por supuesto que también hubo viceministros y asesores de reconocida militancia izquierdista que se ganaron, como se dice vulgarmente, con los equipos de interceptación telefónica de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional.

No por gusto entre la prensa que le es afín, vale decir entre los medios amarillistas caviares, aparecían supuestas primicias o reveladoras noticias, y más recientemente son más comunes los chats o pantallazos, que igual de repugnantes son porque violan la confidencialidad de las comunicaciones.

Pero la “inteligencia caviar” y su morbo han sido muy bien disfrazados y por eso al más vulgar chuponeo lo pintan de “investigación periodística”, cuando no el contenido interceptado es puesto entre sus órganos de prensa como si alguien se los hubiera pasado bajo la puerta, con lo cual maquillan de legitimidad los audios o chats obtenidos ilegalmente.

Por eso resulta más cuestionable cuando sus expertos logran hacer aparecer “las primicias” entre sus supuestos medios de comunicación, que no son nada más que brazos mediáticos de sus ONG polítizadas. Señores, ese contrabando debe ser revelado ante la opinión pública, pues las plataformas comunicacionales caviares solo sirven a sus intereses o ambiciones de poder.

No ha sido la primera vez, tal como ahora se constata, en la cual el poder caviar y sus ONG intentan infiltrar el Poder Judicial y el Ministerio Público con su gente o magistrados a la medida, porque detrás de todo están sus intereses particulares, incluso no exentos de confabularse con la mismísima Odebrecht.

En efecto, no son pocos los caviares mediáticos que han estado de mantel largo junto a los ejecutivos de las constructoras brasileñas o que han recibido sus donaciones –u honorarios con RUC incluido–. Consecuentemente, el Estado no puede ser un convidado de piedra en la salvaguarda de la confidencialidad de las comunicaciones, pertenecientes a sus ciudadanos y autoridades, ni menos puede ser cómplice.