El reto de la sequía
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Le toca al país ahora afrontar el problema de una sequía que ya se venía manifestando desde el pasado mes de febrero, entonces en el sur. Recordemos que hasta hubo declaratorias de emergencia por los estragos generados en la agricultura. Esto acentuó más el ya consabido déficit del recurso hídrico en varias regiones (Arequipa, Moquegua, Puno y Tacna).

Obviamente una sequía causa la reducción de la producción agraria y eso complica los precios de muchos productos. El gobierno anterior no le prestó al problema la debida atención y el actual régimen tiene que recuperar el tiempo perdido y establecer una estrategia y un plan operativo para hacer frente a la sequía. Países vecinos como Bolivia han mostrado frente a este fenómeno su gran preocupación y alerta. Incluso el propio presidente Evo Morales encabeza acciones para mitigar los daños.

No olvidemos que nuestro país es uno de los que más efectos negativos está recibiendo por el cambio climático, y eso nos pone en una situación muy vulnerable, y esto además de los efectos cíclicos del conocido Fenómeno del Niño. De manera que los especialistas de los sectores de Agricultura y el Ambiente son los más llamados a conformar acciones de corto, mediano y largo plazo con relación al mejor manejo de las cuencas de los ríos y los valles en general. Es necesario superar las descoordinaciones a fin de realizar un trabajo más efectivo y permanente, por ejemplo en la construcción de cunetas, reservorios y represas para colaborar con la siembra del agua y hacer frente a futuros colapsos hídricos.

Bajo el liderazgo de los sectores públicos mencionados (Agricultura y Ambiente), en especial de la Presidencia del Consejo de Ministros, los gobiernos regionales y municipalidades tienen que apoyar a sus pueblos para que estos tomen conciencia y hagan un uso más racional del agua. Ello implica que en las zonas con mayor actividad agrícola, la construcción de modernos sistema de riego sea una tarea planificada.

Lo grave es que la sequía ahora ha llegado al norte de nuestro país. Por ejemplo las pérdidas son enormes en la región Cajamarca pues más de 50 mil hectáreas han dejado de producir una serie de productos agropecuarios necesarios en la mesa popular. Es decir, la seguridad alimentaria está en rojo. Asimismo, en Piura la ausencia de lluvias ha dejado sin agua a los principales reservorios de San Lorenzo y Poechos. La crisis hídrica también ya se siente fuera del ámbito rural y productivo, impactando sus efectos en el uso de agua de los habitantes de varios pueblos piuranos.

En consecuencia, es necesario que la presidencia del Consejo de Ministros afine y lidere los planes de contingencia, y con este concurso más activo las demás instancias públicas también lo hagan, entre ellas el Instituto Nacional de Defensa Civil, la Autoridad Nacional del Agua y los programas del Ministerio de Agricultura a fin de que sirvan para aliviar el peso de la sequía a distritos y provincias enteros de numerosas regiones del país.

Pero esto no debe quedar ahí sino prepararnos para futuras sequías, no solo en el contexto del Fenómeno de la Niña, sino en la perspectiva del cambio climático que hará que este tipo de fenómenos sean más agresivos e inclementes.