Los peajes de la vergüenza

La voz de los limeños no debería valer tan poco, el sentir de millones de residentes capitalinos no debería ser ignorado y el trajín de los políticos debería enfocarse, sin más contratiempos, en resolver el abusivo cobro de peajes que tiene la nota más escandalosa en su incremento tarifario para la Vía de Evitamiento.

Una ciudad no puede quedar a merced de contratos mal negociados, ni a la viveza de constructoras que hoy están cuestionadas penalmente no solo en el país sino también en el extranjero. Tampoco debería pasarse por alto las triquiñuelas que hacen algunas de esas firmas con el objetivo de confundir al vecino o evadir responsabilidades respecto al asalto a los bolsillos del automovilista, tal como representan hoy los peajes.

No podemos permitir que exista una autoridad municipal boba en Lima, ni tampoco un Estado manco, a los cuales una concesionaria les puede pasar una aplanadora por encima y no pasa nada. Es cierto que ahora la Municipalidad Metropolitana de Lima (MML) señala que sancionará por inconducta contractual a Línea Amarilla SAC (Lamsac), si insiste con la referida alza, pero todos nos damos cuenta de que eso solo es un saludo a la bandera.

Esa forma de responder ante el clamor del público es pusilánime y solo se enmarca en la trampa jurídica que las cláusulas de esos contratos determinaron con premeditación, alevosía y ventaja. Es increíble cómo el usuario de los peajes aguanta tanto abuso, aunque su paciencia a ratos amenaza con agotarse; pero la verdad es que las tarifas arbitrarias las tendrá en el horizonte de cuarenta años y si no se hace algo hoy para corregir lo malo, entonces mañana será no solo demasiado tarde sino más difícil.

Por eso el problema resulta más grave de lo que parece y se espera que el nuevo alcalde que asuma funciones el próximo 1 de enero, Jorge Muñoz, cumpla con su promesa de revisar los contratos de los peajes y sin cartas bajo la manga. Pero el tema no solo es revisarlos sino corregir las distorsiones que contiene, en la justa medida en que no puede haber un contrato pétreo que esclavice a los limeños por cuatro décadas frente a los operadores de esos peajes, peor todavía en medio de enjuagues y leguleyadas.

Sabemos cómo se han manejado en el país las adendas, los árbitros y los tribunales arbitrales, de modo que con una MML que ya está de salida, sus amenazas a Lamsac solo causan hilaridad, como cuando se les dice que “se les va a sancionar”.

Lo concreto es no se puede seguir jugando con la tolerancia de los limeños y será mejor que más temprano que tarde se ponga orden a los peajes de la capital y en particular a aquellos vinculados a la Lamsac, concesionaria que arbitrariamente incrementó la tarifa del peaje en la Vía de Evitamiento de S/ 5.30 a S/ 5.70.

Señores, debe primar el interés de la ciudad y de 10 millones de habitantes de la capital antes que el interés crematístico de una empresa de peajes.