Pepe Graña, ¿a buen recaudo?


César Hinostroza se fugó en las narices del gobierno nacional, del fiscal supremo en lo penal, Pablo Sánchez, y del presidente del Congreso de la República, Daniel Salaverry. Cada quien tiene una cuota de responsabilidad en este triste episodio donde tomará tiempo traer de las orejas al mencionado ex juez supremo.

Hace tiempo que el país debió aprender a adoptar medidas preventivas frente a los corruptos. Sin ir muy lejos el caso de Alejandro Toledo, expresidente de la República con un proceso de extradición, y el de Gustavo Salazar, expresidente del Club Regatas de Lima, deberían haber curado a las autoridades frente a la negligencia de dejar escapar a ciudadanos que tienen que responder por la supuesta comisión de delitos.

Por eso debería, en torno al caso Lava Jato o los nuevos casos de corrupción, adoptarse medidas que impidan que los investigados por la Fiscalía se burlen de la ley. En esa línea, por ejemplo, debería tenerse la certeza del lugar donde se encuentra actualmente José Graña Miró Quesada, expresidente del directorio de Graña y Montero (GyM), y hasta no hace mucho uno de los principales socios peruanos de Odebrecht.

Asimismo no habría mucha previsión frente a otros cuestionados como Edwin Oviedo, presidente de la Federación Peruana de Fútbol, por lo que las autoridades deberían tener las antenas bien puestas para evitar que en cualquier momento sorprenda al país como lo ha hecho Hinostroza, hoy en España y donde ha pedido un descabellado “asilo político”.

Pero otro caso mediático es el de José Graña, a quien alguna vez el presidente Alan García le recordaría –ante una pregunta periodística sobre su relación con Zaida Sisson, esposa de su amigo Rodolfo Beltrán– que el que debe saber bien sobre las adjudicaciones de obras a las constructoras brasileñas tiene que ser el Grupo El Comercio porque “el principal socio de ellas era José Graña Miró Quesada, socio de Odebrecht”, según detalló el líder aprista.

El tiempo transcurrió desde esas declaraciones hasta que José Graña y su hermano Hernando Graña Acuña fueron detenidos en diciembre de 2017 y pasaron unos meses de cárcel en el penal de Ancón I, recobrando la libertad a inicios de abril de 2018. Pero los cargos son los de haber supuestamente pagado una coima al hoy prófugo Toledo.

Entonces lo importante es que Pepe Graña no ponga los pies en polvorosa, si no lo ha hecho ya para mantenerse a buen recaudo. De modo que el Estado, a través de sus órganos y canales institucionales correspondientes, debería evitar que se le escapen las tortugas y desde ya lo que ha hecho Hinostroza constituye un serio llamado de atención a todo el sistema de justicia y a los burós policiales de la nación.

En este camino de impunidad, mucha agua ha corrido bajo el puente, y Graña Miró Quesada, a pesar de usar ficciones jurídicas que lo alejarían de GyM, solo sería parte de un plan para librar a esa empresa de mayores problemas por su sociedad con Odebrecht. Así, para tratar de desvincularse de esta constructora carioca, utilizó una auditoría de parte, contratada a la firma Simpson Thatcher & Bartlett LLP.

Pero hoy se evidencia, según Sunarp, que no solo GyM fue socia de Odebrecht sino también del actual presidente de la República, como lo reveló EXPRESO el 11 de marzo de 2017 y amplió esa información el pasado domingo 14 de octubre. Es más, el propio jefe de Estado, Martín Vizcarra, reconoció que hace 15 años su empresa trabajó en la modernización de la fundición de Ilo junto a la constructora de Pepe Graña.

 

Por si esto fuera poco, el testimonio de Antonio Carlos Nostre, exdirector de Contratos de Odebrecht, señaló que los exdirectivos de GyM conocían de los sobornos. ¿Dónde está Pepe Graña?