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Todavía la pesadilla del “Niño Costero” no termina y los pueblos afectados por su furia deben resistir con el apoyo del Estado y de todos los peruanos. La solidaridad internacional no se ha hecho esperar. Por lo contrario, son numerosas las naciones e instituciones privadas internacionales que han brindado -y vienen brindando- su cooperación. El Perú les está agradecido.

A pesar de las lluvias es menester coordinar la reconstrucción, entendiéndola el Gobierno en primera instancia, pero no habrá reconstrucción posible si es que de una vez por todas no existe la reubicación en serio de los poblados que por décadas se han instalado a la margen de los ríos, no quedando otra opción para el caso de las ciudades más grandes donde un río las atraviesa que encauzar bien sus aguas con lo mejor que la ingeniería aconseja.

Hay una serie de casos donde los caseríos se elevan a pocos metros de los ríos, siendo acaso la Carretera Central el ejemplo típico de lo que no se debe hacer si es que se trata de prevenir las aciagas consecuencias de los huaicos. Entonces comencemos por la reubicación de los asentamientos humanos y urbanizaciones desde Carapongo hasta Chaclacayo, y de la misma forma a lo largo y ancho de los valles de la costa y la sierra. No escatimemos esfuerzos para no vivir con la destrucción y la muerte asomando a la vuelta de la esquina.

Especial llamado de atención deben recibir aquellos alcaldes distritales y provinciales que a veces por ganar más votos recurren al falso expediente de permitir que crezcan como hongos caseríos y poblados en la margen derecha o izquierda de los ríos. Hay normas al respecto pero se debe precisar más firmemente con sanciones no solo administrativas sino también penales con el objetivo de que la reubicación funcione de verdad.

De otro lado, otro ingrediente para que funcione una reubicación es que se debe gastar bajo parámetros y estándares rigurosos para que esos recursos sean bien invertidos y bajo los controles más estrictos para que no ocurra lo que se comprueba ahora, como cuando durante el gobierno de Ollanta Humala se asignaron millones a determinadas empresas para que supuestamente encaucen los ríos sin la debida supervisión o cuando también ese mismo gobierno redirigió los recursos en la creencia de que el fenómeno El Niño nunca vendría y repartió ese presupuesto a los gobiernos regionales y municipalidades, los que también no solo usaron mal los fondos sino que a veces ni los usaron revirtiendo los mismos al Estado.

Finalmente, todas las entidades públicas involucradas en el tema tienen que coordinar muy bien sus acciones a fin de que el esfuerzo de reubicación se convierta en una verdadera política de Estado, pues la mejor prevención es vivir lejos de los ríos y si la gente ya no puede salir porque hay “cascos urbanos” metidos en medio del cauce de los ríos, entonces para estos casos se debe rediseñar la canalización de los mismos o proceder a levantar muros de contención más grandes y más fuertes.

La defensa de la vida está primero y el país no puede darse el lujo de perder a sus hijos en medio del lodo ni darse el lujo de reconstruir ciudades o infraestructura cada vez que pasa el fenómeno El Niño.