Socios de Odebrecht y caviares versus democracia

Socios de Odebrecht y caviares versus democracia
Diligencia está a cargo del fiscal Germán Juárez Atoche.
  • Fecha Lunes 15 de Octubre del 2018
  • Fecha 5:01 am

Los dos últimos golpes de Estado en el país, el del 3 de octubre de 1968 y el del 5 de abril de 1992, como todos los atentados contra la democracia, tuvieron diversos detonantes y protagonistas, quienes en medio de la nocturnidad tramaron los pasos y la ejecución de un plan golpista en día “d” y hora “h” que definieron anticipadamente.

Sin embargo, más allá de detalles especiales, en ambos casos existió una causa poderosa y esa no era otra que el encubrimiento de actos de corrupción. En el primer ejemplo, el de la dictadura del general Juan Velasco Alvarado, militar entonces a la moda con el socialismo estatista y las corrientes mundiales de las revoluciones nacionalistas, se originó con el principal objetivo de ocultar el enorme contrabando en el que las Fuerzas Armadas estaban involucradas.

Al respecto el libro titulado “Contrabando”, escrito por Héctor Vargas Haya, diputado a cargo de una investigación parlamentaria sobre dicho tema, da luces sobre los “cogotudos” que estaban detrás del robo al fisco peruano en plena década de los años sesenta, era especialmente gente uniformada que desfalcaba al Estado con sus turbios negocios y al lado de ellos también había gente “gagá”, relacionada con un medio de prensa que después procedió a respaldar a Velasco, hombre ya cómodamente instalado en la Casa de Pizarro.

Testimonios posteriores de Héctor Vargas Haya, expresidente del Congreso de la República, así como ediciones corregidas y aumentadas de su best-seller, algunas de las cuales fueron confiscadas por el gobierno militar, ratificaron esa tesis del golpe del 3 de octubre del 68, en el sentido de que si bien el enfrentamiento entre el Ejecutivo y el Legislativo generó el desenlace totalitario, hubo un “leitmotiv” determinante y ese era el encubrimiento para los magnates del contrabando. Esa fue la mecha que encendió una dictadura militar que duró 12 años.

El segundo caso, el denominado autogolpe de Fujimori, del 5 de abril de 1992, tuvo similar realidad. Hubo un contexto de conflicto político entre el Congreso y el gobierno nacional, hubo un terrorismo amenazante y una necesidad de ajuste económico tras la hiperinflación desatada en el primer gobierno aprista; empero fue la investigación por el destino de la ropa donada, esa que estuvo en manos de una hermana del gobernante Fujimori, la causa que determinó que los tanques salieran de la 18° División Blindada más rápido de lo previsto.

No dejemos de revisar la historia y mejor todavía no cometamos el error de repetirla, pues al final toda aventura golpista genera atraso y subdesarrollo; e incluso los supuestos moralistas de un golpe de Estado solo terminan siendo más corruptos que los gobernantes que les antecedieron.

En el presente, ¿quién está detrás del perfilamiento dictatorial para traerse abajo al fiscal de la Nación o cerrar el Congreso de la República? Ya no se trata del “contrabando” de los años sesenta ni de la ropa donada a inicios de los noventa. Entonces, ¿son ahora los socios peruanos de Odebrecht y algunos exvelasquistas que sirven dentro del poder caviar los protagonistas de la ayuda al actual inquilino de Palacio de Gobierno para que defina pronto un desesperado golpe de Estado?

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