Ticlio Chico
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La humanidad se sobrepone a la naturaleza y en lugares con clima extremo la gente incluso es más laboriosa, aguardando con hartas provisiones el invierno. Esto pasa en Alaska o en la Europa nórdica, por citar dos casos. La pobreza no puede ser sinónimo de improvisación y las autoridades son las más obligadas a planificar medidas de soporte para proteger a la población, por ejemplo la de Ticlio Chico, donde la humedad suele llegar a 100 %.

Es hora de estar bien preparados, con recursos económicos o sin ellos, porque esa es nuestra realidad en una Lima que desde la década del cuarenta del siglo pasado experimenta un crecimiento desordenado debido a la imparable ocurrencia de invasiones. No obstante las poblaciones, sean de la capital o provincias, no pueden estar a merced de los fenómenos meteorológicos.

Por eso con mayor razón urge implementar planes duraderos en zonas como la de “Ticlio Chico”, donde el Estado y el trabajo comunitario busquen estar preparados con anticipación ante la llegada de los meses del invierno, y que ejecuten planes con resultados concretos en ayuda financiera, en construcción de infraestructura, en instalación de postas médicas y unidades de apoyo social. Esa articulación tiene que obligar a las autoridades nacionales, junto a las regionales y distritales, a ser más eficientes.

Es verdad que el Ejecutivo acaba de disponer la declaración de emergencia (Decreto Supremo N° 069-2018-PCM) en las localidades de Nuevo Milenio, José Carlos Mariátegui y Cercado del distrito de Villa María del Triunfo, por el plazo de 60 días calendario, con el objetivo de facilitar las medidas y acciones de excepción, inmediatas y necesarias, de respuesta y rehabilitación que correspondan, pero también deberían ensayarse alternativas más estructurales y de mayor alcance.

De acuerdo a esta norma quedan en primera fila de la acción en favor de Ticlio Chico, la Municipalidad Metropolitana de Lima y la Municipalidad de Villa María del Triunfo, con el encargo de ejecutar las medidas de excepción en coordinación con varios ministerios. Sin embargo, por más participación que haya al lado de la autoridad local, lo sensato y estratégico sería prevenir con programas de reubicación u otros para que cada año más personas, sobre todo niños y adultos mayores, no sufran las inclemencias de la estación.

El Estado peruano como tal tiene que ser más idóneo en sus políticas de población y sus programas para el desarrollo. Pues de lo que se trata es que cada año se alivie a la gente frente a esa clase de problemas, pero con acciones duraderas, y por supuesto enmarcadas en la perspectiva de los compromisos que se tienen con la OCDE.