Toledo, de plácemes en EE.UU.

Toledo, de plácemes en EE.UU.
  • Fecha Lunes 1 de Octubre del 2018
  • Fecha 4:11 am

En gran medida el manto de impunidad que exhibe el expresidente Alejandro Toledo es de responsabilidad de las autoridades del Estado peruano. Sin embargo tampoco debe dejarse de lado la parsimonia y la vida contemplativa de las autoridades estadounidenses.

Podrá recurrirse al manido argumento de que las instituciones son otra cosa en Estados Unidos de Norteamérica (EE.UU.) y de que marchan a las mil maravillas en la gran potencia del mundo. ¡Pamplinas!

Se podría saturar las líneas de esta página con casos prácticos y ejemplos donde la Casa Blanca, el Capitolio o la judicatura del Tío Sam hicieron tabla rasa de remilgos o de ascos, procediendo con pundonor para evitar que la Unión sea vista como una chacra o refugio de delincuentes.

Hay otro argumento de peso para destacar tales asertos. Y es que si el prófugo Toledo no estuviera en EE.UU., sino en otra nación, hace tiempo que las autoridades peruanas y las del país que le sirviera de refugio al “Chakano” no estarían tan calladitos y se hiciera cuestión de Estado a toda hora para que rindiera cuenta de sus actos ante los tribunales.

Por eso, a quien corresponda, va la protesta de los peruanos que han visto las crisis que genera la corrupción, esa que rodeó y santificó a Toledo, y que tuvo en Odebrecht a una de las principales corporaciones que lo aceitó, según las propias declaraciones de sus directivos.

Efectivamente, entre todos los políticos del mundo coimeados por la constructora brasileña no es otro sino Alejandro Toledo el más beneficiado, a decir incluso de un periodista colombiano, Jorge González, quien ha publicado un documentado libro sobre el caso Lava Jato, titulado “Odebrecht, la historia completa”.

Detrás de Toledo hubo otro exjefe de Estado que le siguió los pasos en el monto de la recepción de dinero gracias la “generosidad” de Odebrecht, y ese fue Ricardo Martinelli, de Panamá. Ese tipo de sujetos, metidos a la política para traicionar y hacerse de dinero fácil, causa un daño tremendo a la imagen de sus países.

De ahí que, aunque sea por solidaridad, las naciones donde se refugian personas como Toledo deberían hacer un reproche mayor y mostrar su disconformidad con el hecho de que su suelo sea usado para esconderse o para vivir a cuerpo de rey, como lo hace en EE.UU., harto relajado, sin suspicacias ni temor alguno, derrochando los millones que recibió mientras el pueblo peruano se empobrece más o ve alejarse de su alcance la calidad de vida a la que tiene derecho a causa de la corrupción.

Como lo ha dicho en su libro el propio Jorge González, los pagos de Odebrecht se hicieron a cambio de que se le adjudicara la construcción del Corredor Vial Interoceánico Perú-Brasil, una obra que le ha terminado costando a los peruanos más de US$ 4,233 millones.

Autoridades de Perú y EE.UU., el cohecho es el cáncer del mundo, pero tal parece que no hacen nada y ese hecho los convertiría en cómplices de la corrupción internacional.

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