Dina Boluarte pierde la brújula y prensa internacional la califica de neófita

The Economist dice que elecciones en 2023 pueden ser la única manera de restaurar la calma, en un informe que da cátedra al sesgado periodismo peruano.

La ofensiva de la izquierda radical y sus aliados para asumir el poder en reemplazo de Dina Boluarte se ha trazado tres o cuatro objetivos centrales: 1) maniatar a la gran minería, logrando bloquear el corredor minero del sur hasta el cierre anunciado por Las Bambas; 2) El bloqueo de las vías de comunicación para «asfixiar» Lima, atacando en forma coordinada los aeropuertos; 3) Jaquear el orgullo de la agricultura moderna que es la agroexportación; y 4) El control de la información, esto a través de las redes sociales y de sus aliados de la llamada izquierda caviar en los grandes medios de comunicación de la capital.

En esta entrega nos ocuparemos del último punto, sobre el que el exministro de Economía, Luis Miguel Castilla ha sido claro en declaraciones recogidas por el semanario inglés The Economist: «El Gobierno está perdiendo la batalla de las comunicaciones», dijo en su edición publicada ayer.

Y no es la prensa peruana -con las excepciones conocidas- la que ha puesto las cosas en su sitio en forma orgánica, sino la prensa extranjera. Nos referimos a tres artículos de primer nivel: de The Economist, Wall Street Journal y El Nuevo Herald, respectivamente, ejemplos de periodismo profesional, riguroso y equilibrado, como reconoce el economista José Quesada Seminario.

The Economist

Esta prestigiosa publicación inglesa entregó a sus lectores el informe «La turbulencia política está destruyendo el Perú» con datos y cifras verificables. «Dina Boluarte es la jefa de Estado legal y constitucional. Pero desde que asumió el poder el 7 de diciembre, al menos 58 personas han muerto durante las protestas, 46 de ellas civiles en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, según la oficina del defensor del Pueblo. Su nombre se ha vuelto tóxico, y para muchos peruanos su gobierno ha perdido toda legitimidad», señala.

Luego precisa que el del Perú, a diferencia de Chile (2019), Colombia (2021) y Ecuador, “ha sido especialmente violento, sedicioso y peligroso”, con el añadido de contar con la población indígena a la vanguardia de las protestas. Pero hay una diferencia: “Lo que está en juego es si la democracia [peruana] puede sobrevivir. La sociedad se ha polarizado tanto que algunos peruanos hablan de una inminente guerra civil, por inverosímil que parezca”.

¿Dónde se origina el problema? El desencadenante inmediato del conflicto fue el anuncio del 7 de diciembre por Pedro Castillo «que estaba ordenando el cierre del Congreso y la toma del poder judicial. Esto fracasó y el Sr. Castillo fue arrestado».

Otra narrativa

«Pero Castillo y sus partidarios transmitieron rápidamente una narrativa alternativa en la que el perpetrador de un golpe de Estado se convirtió en su víctima. Líder de un sindicato de maestros y de herencia indígena, como presidente gobernó mal, nombrando a más de 70 ministros diferentes, pocos de los cuales sobrevivieron más de unas pocas semanas», señala el semanario.

«Según los fiscales, él y su círculo eran corruptos, aunque él lo niega. Colocó a muchos activistas de extrema izquierda mal calificados en empleos estatales. Sus defensores argumentan que la derecha y la élite limeña nunca lo dejaron gobernar», agrega.

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